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de lo público, lo privado y las grandes confusiones

Alguien con quien compartí durante muchos años la vida, me decía siempre que hay que distinguir entre “lo público y lo privado”. Era una de sus grandes frases. Necesité catorce años y mucha terapia para comprender por qué lo decía, y por qué me lo transmitía con una insistencia enfermiza. En lo privado, era un verdadero cabrón. En público, el hombre más encantador de la tierra.

Revelar lo privado en público, cuando se trata de asuntos feos, está mal. Muy mal.

Pero tampoco por el hecho de no hacerlo, la persona afectada debe quedar como una imbécil, gilipollas manifiesta y colocada en un lugar o condición que no le corresponde.

Soy mujer. Tengo cincuenta años y todavía algunos hombres me miran por la calle.

Hace muchos años que nadie me trataba como al llamado sexo débil. Soy una mujer fuerte, y el sexo pertenece a mi vida privada. Nunca lo he aireado ni tampoco he jugado a la provocación guarra con nadie y en ningún lugar: Ni virtual, ni real.

No necesito aventuras ni romances porque vivo enamorada. No necesito buscar hombres porque ya encontré al mío. No me gusta el mundo femenino supuestamente liberado que entiende como liberación la vulgaridad, bajeza, lo soez. No me gusta ese mundo que entiende por igualdad el hecho de aceptar un trato que hasta no hace mucho sólo se dirigía a las prostitutas de profesión. No soporto la ordinariez. No tolero la doble moral ni la hipocresía, confundidas en toda su bajeza por falta de criterio, principios y dogmas.

Hace muchos años, he dicho, que nadie me trataba como al llamado sexo débil, y nunca, nunca en mi vida, me habían tratado como a una puta. Ayer sí.

Ayer me trataron como a una zorra, lagarta, buscona, putón verbenero, calienta braguetas. Y aunque respondí, desde el primer momento, diciendo que no soy de ese tipo de mujeres, la persona insistió. Al responder de nuevo que no tengo nada que ver con semejante perfil, la persona se disculpó en dos patadas diciendo que me había confundido con otra persona. Ayer me sentí agredida, vejada, insultada y dolida. Nada en mi trayectoria, testimonio o postura, ha dejado entrever jamás que se me pueda confundir con una mujer que anda buscando sexo guarro , hombre, marido o rollo. No existe en mi vocabulario, refiriéndome a mí misma, expresiones como “chuparte la polla”. No existe en mí la capacidad para entrar en juegos sexuales virtuales: Siempre termina resultando un juego peligroso y ninguna amistad. Escuché no hace mucho una grase magistral : “Estamos en una edad muy mala para el enemigo”. Es verdad. Yo estoy ya hecha. Madura. A mí no me falta al respeto ningún señorito tronera, sea quien sea y venga de donde venga. Si me lo dice en directo, aunque del rey se tratara, le suelto dos hostias. Me lo han dicho por escrito. Respetaré esa privacidad documental. Y desde este espacio, que es mío, hablo de lo que me viene en gana. Y mis ganas, hoy, son pocas. Me siento profundamente dolida.

Jueves, 15 de Enero de 2009 14:01 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema


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