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Consuelo García del Cid Guerra

CARMEN

Los senderos atemporales de la mente, como el cambio de estación, pueden ponerte la piel de gallina y los pelos de punta en décimas de segundo. Personas que se fueron con la misma fuerza en que aparecieron, y que a pesar de los años continúas contando con su presencia...Carmen...Te recuerdo con una nitidez casi espasmódica. Tu alegría de vivir, acompañada de una profunda guasa que me provocaba grandes carcajadas, tu descaro casi impúdico ante las pequeñas cosas, tu extraña cleptomanía, el amor verdadero pesara a quien pesase, por encima de lo divino ( tú ya me entiendes) y más allá de lo humano.
Carmen...qué mujer grande, qué pedazo de madre, cuánta lucha individual, colectiva, prohibitiva...es más fácil asumir tu ausencia tras haberla sentido sin más -ni menos- físicamente, porque de ese modo, sólo de ese modo, sabré que aquel abrazo no ha quedado del todo pendiente y que al final del camino estarás esperando.
Maravillosa.

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