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AUTORES Y EDITORES : POESÍA

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La poesía es una forma de vida. No se trata únicamente de leer o escribir, hay que creer. Esa fe, parte de lo íntimo y transferible de quien siente. Los poetas, maestros del pensamiento y las acciones en consecuencia, forman parte de una minoría difícil de asumir. Dicen que las palabras se las lleva el viento y lo que el viento se llevó no queda en nada ni en nadie. Que de ella no se puede vivir. En lo práctico es cierto. En lo profundo , todo lo contrario. Se pierden todas las guerras y se entra en todos los conflictos. Desde la sinceridad más cruenta y aplastante, algunos se acercan, quieren, pretenden e incluso unos pocos se quedan. Los maestros leen a cientos de alumnos eligiendo desde su criterio aquel poeta adecuado. No sólo a los tiempos, pasados o presentes. Los clásicos, los malditos, los de siempre, los de antes, los de ahora. Nunca se dejará de escribir. Escribir es “decir”. Puede ser compartido, creído o aceptado. Como la educación, es un sentimiento. Hay quien apuesta por la palabra construye sus ideas. El mundo que nos rodea  casi siempre actúa en contra. La palabra del soñador, romántico o idealista se traduce a una realidad molesta donde probablemente nunca seamos nadie.

Pero jamás nada. Los apostadores de los libros se alzan en la más ingrata de las batallas.

Un editor no es únicamente empresario. Es mucho más. Cree, y ama los libros. Por ellos y con ellos intentará desesperadamente mantener su línea. Publicar un libro es desnudar simientes con nombre de persona. Un autor se presenta y esa primera lectura es su desnudo integral. En cueros vivos arriesga la palabra. Sus miedos, sus pasiones, su imagen de la belleza, su ética y su criterio, sus paisajes, adornos, oraciones y declaraciones de amor. Abrazado a aquel que finalmente decidió dar forma de libro a un desconocido porque le llegó al alma. Ese es el creyente y practicante.

Al bueno de Carlos Barral se le reprochó de por vida haber rechazado el manuscrito de “Cien años de soledad”. Hasta el día de su muerte se habló de ello para que no fuera olvidado. Pobre Barral. Se equivocó sin adivinar la trascendencia de semejante decisión.

Me atrevería a asegurar que casi todo el mundo, en algún momento de su vida, ha escrito un poema. Cuando se ha  enamorado, cuando tiene miedo, cuando siente la sombra del fracaso, cuando se arruína, cuando está enfermo. Desde la tristeza se escriben cuatro frases cortas que quedan perpetuadas en un cuaderno estudiantil. O en los mismos libros de texto, junto a corazones atravesados por la flecha de Cupido. El transcurso del tiempo hace que se construya o no esa necesidad vital de leer o escribir.

Si se empieza, resulta imposible dejarlo. Forma parte de lo cotidiano. De lo necesario e imprescindible. Los libros saben a tinta y huelen a autor. Tras cada uno de ellos, existe el mago más generoso que nadie pueda imaginar: El editor. Coautor de ese amor por la literatura, compañero arriesgado, representante del sentimiento. Poesía son los dos. El cuidado de una portada, la elección de un tipo de letra, y esa sensación única del primer ejemplar caliente recién salido de la imprenta. El gozo es compartido. El mensaje una declaración de principios. Poesía, repito, son los dos.

 

Lunes, 09 de Febrero de 2009 14:50 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema


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