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Consuelo García del Cid Guerra

MJT

No sé cuántos días porque el tiempo quedó desordenado. Sí que era distinta, loca, especial y perenne, alguien para no olvidar. No la olvidé.

Madrid, 1974. Su pelo negro y rizado. Reía. Provocaba y transgredía. Vendía crema de manos y cualquier cosa poco útil que tuviera en el armario. Fumaba colillas. Decía muchos tacos y hablaba francés.

Nos emborrachamos dos veces en muy poco tiempo y en un lugar donde el hecho de hacerlo suponía algo muy grave y con

un castigo peligroso. Primavera. Ella dijo que en algún lugar y en cualquier momento de la vida, volveríamos a encontrarnos.

Que no sería demasiado tarde, que no hacían falta direcciones ni teléfonos, porque hay sensaciones que nunca mueren.

Tenía una hermana de nombre Sofía que vivía en París. Treinta y cuatro años después nos hemos vuelto a encontrar.

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