03/07/2008
la abuela Silveria
Todos los niños, o casi todos, hablaban de su abuela como de alguien entrañable, cariñoso y cercano. Yo sólo pude conocer a una abuela, por parte de padre. Escribir sobre ella, pasados los años, me resulta curioso, porque el recuerdo que mantengo en la memoria puede que no sea demasiado simpático, pero sí interesante.
Mi abuela era una mujer altiva y orgullosa. Nunca fue guapa, de hecho era el vivo retrato de La Gioconda.
Jamás me contó un cuento ni jugó conmigo a nada. Su existencia podría parecerse a una novela de las hermanas Bronte. Su madre, Aurora, era una mujer fascinante. Se separó cuando las mujeres no se separaban, fue amante de un torero y musa de escritores y pintores. Tenía un enorme álbum con dedicatorias que mi madre entregó a una casa de subastas y se vendió por un dineral .Aurora, mi bisabuela, ha sido un referente para mí, porque siempre me hablaron mal de ella, y cuanto peor hablaban, más me gustaba.
Era amiga del rey Alfonso XII, tan amiga que le regaló su reloj, de oro macizo y grabado con sus iniciales. El reloj está en una caja fuerte. A cambio, ella le obsequió un bastón con puño de platino. Aurora era recibida en la casa real por su título nobiliario, Baronesa de Charbonier y Pasalagua. Su hija, mi abuela Silveria, dicen que era en realidad hija del torero, pero Aurora le coló la paternidad a su todavía marido. A mí, eso de que la abuela fuera la hija del amante de su madre, me parecía fantástico.
La abuela Silveria vivía con tres criadas, Virtudes, Socorro y Anita. Siempre tuvo servicio porque no servía para nada. Cuesta creerlo, pero no hacía nada, nunca tuvo responsabilidades, ni aficiones ni pasiones excepto el hecho de comer. La abuela comía todo el tiempo. Se levantaba tardísimo, desayunaba, y a la una comía. Le gustaba tanto tragar que se hacía servir todos los platos a la vez para poder contemplarlos mientras engullía sin parar. Una de sus frases célebres era : “ Yo en la mesa, soy hasta soez”.
A las cinco de la tarde se atizaba el primer güisqui acompañado de una barra de cuarto entera y con un queso de camembert untado. Luego seguía bebiendo y fumando chester corto. Cenaba a las ocho y se acostaba por lo menos con seis wiskys. Nunca la ví borracha, tampoco alegre. Su mundo se reducía al gran caserón del ensanche de Barcelona, una mansión de casi mil metros, altanera y dantesca, como ella misma. Los muebles, enormes y de caoba, me producían un gran respeto, tanto como el mayordomo del abuelo, Dimas, que parecía un príncipe. Yo sentía un gran cariño por el chófer, Fernando. Era un tipo muy divertido que me recogía cada día del colegio y me daba caramelos de goma. Alguna vez nos escapábamos al puerto para ver los barcos, pero los abuelos no lo sabían. La casa, fría e inhóspita, parecía un museo. El abuelo Francisco era médico, biólogo y geólogo. Su despacho estaba lleno de condecoraciones honoríficas. Le atropelló un coche saliendo de dar clases en la Universidad Central y los alumnos salieron a limpiar la sangre del catedrático. Con su muerte repentina se descubrió la existencia de su amante, Angelina. Iban juntos cuando el coche le arrolló. La abuela nunca habló de ello. No me sorprendió lo de Angelina, estaba cantado que le ponía los cuernos porque la abuela era una mujer imposible. No tenía conversación, no salía a la calle excepto en contadas ocasiones, normalmente para bautizos, comuniones y funerales. Vestía de negro desde que recuerdo. Todos los martes venía una modista, Andrea, que le hacía batas de estar por casa todo el tiempo. Tenía en su armario más de cincuenta batas negras, largas hasta los pies, de invierno y de verano. Todas olían a lo mismo, una mezcla de naftalina y carne magra rociada de aquel perfume horrible llamado “Maja”, de Myrurgia.
Cuando la abuela enviudó, no volvió a salir a la calle nunca más. Pasaba las tardes mirando por la ventana de la tribuna, criticando a todo el que veía y controlando los movimientos de la casa de enfrente, donde, según ella, unas putas recibían clientes.
La terraza era enorme y una de las vecinas era alemana. Eso es lo único divertido que recuerdo de mi abuela. La alemana no sabía una sola palabra de español. La abuela y yo salíamos cuando estaba la Sra. Schullte, y decía, sonriendo: “Buenos días, Señora Schultte, ya veo que sigue usted siendo el mamarracho de siempre”. La pobre mujer asentía con la cabeza, yo me partía de risa. “ Oiga, cartofen, que no se entera usted de nada, sabe cómo se dice autobús en su idioma…subenestrujenbajen ….”. Un día me hice pis encima del ataque de risa que me dió.
Las criadas, Virtudes, Socorro y Anita, vivían para satisfacer los caprichos de Doña Silveria. “Tráeme una paella de la Barceloneta”, “Vete a buscar un roscón de nata de la pastelería de la calle Pelayo”…comida, siempre comida …un día contemplé cómo se zampaba doce chuletas de cordero y una botella de tinto en menos de quince minutos. “Anita, ya sabes que quiero todos los platos servidos a la vez”. De vez en cuando yo me escapaba a la cocina, que era enorme, para escucharlas hablar. “A ver si revienta de una vez”. “Vieja de mierda, todo el día comiendo y dando órdenes”.
Si algo vinculado a mi abuela ha tenido verdadera presencia y significado en mi vida, fue la Tata Feli. La primera criada que tuvo. Mi cómplice, amiga, compañera y mujer maravillosa. Me hacía polichinelas desde la despensa, jugaba conmigo al escondite, me llevaba al cine y compraba un gran cucurucho de palomitas…Feli era morena, con el pelo muy largo y lacio. Guapa. Aguantaba a la abuela como podía, en realidad creo que fue la persona que mejor la supo llevar. Se casó por poderes y se fue a vivir a Australia.
Su traje de novia fue el primero que ví en toda mi vida, y también la primera vez que ví llorar a la abuela.
Nunca la quise ni sentí nada especial por ella. No se hacía querer y tampoco me pregunté si me quería. Creo que desde muy pequeña me dí cuenta de que no era una buena persona. Odiaba a mi madre y tiranizaba a todo aquel que estaba a su alrededor.
Por mi padre sentía una especie de posesión enfermiza.
Pasaba las tardes frente al televisor sin sonido, siempre sin sonido. Sentada en el gran sillón de orejas, esperando la próxima comida. No leía, no cosía, no tocaba el piano ni hacía nada en absoluto excepto dar órdenes, comer y criticar a todo bicho viviente.
“Mi marido era un sabio”, les decía a las tres, Virtudes, Socorro y Anita. “Perdone, señora, -le dijo Virtudes- hemos estado en el museo de cera y allí no estaba su marido”.
“Por Dios, qué ignorante llegas a ser, cómo quieres que un sabio como mi marido esté al lado de gentuza como el Ché Guevara?”. Y se quedaba tan ancha.
“Yo soy una señora de pies (y se señalaba la frente) a cabeza (y se señalaba los pies)”.
Su voz era rotunda, grave y cortante. Murió como vivió, vieja.
01/07/2008
LA MAQUINA DE ESCRIBIR

Cada tecla presionada suponía un esfuerzo. El ruído molestaba a los vecinos si escribía de noche, y todo el edificio acabó sabiendo que yo escribía por el inconfundible sonido del teclado.
El carro, pesado y redondo, se movía de izquierda a derecha constantemente. Cada folio, cuidadosamente guardado en una caja de cartón, se agrupaba aumentando grosor. Las copias, hechas con papel carbón, me dejaban los dedos manchados de un negro rotundo. Las hojas, marca "kores", se aprovechaban una y otra vez hasta que no servían para nada. Acostumbraba a guardar esos papeles grabados, letra sobre letra, algo similar al pentimento del pintor. En ellos estaban todos los poemas, todas las historias y todos los secretos.
Tuve una Remington, más tarde una Underwood. Negras, pesadas, elegantes y personales. Le regalé la Remington a mi amigo Jordi Mata, no hace mucho. Supo limpiarla cuidadosamente con petróleo y convertirla en un fetiche para los restos.
Las palabras tenían sonido, un morse particular. Yo conocía la música y los compases rotundos de la palabra "amor", "te quiero", "muerte"...Lo recuerdo, como a las cuartillas y los ornamentos religiosos. Necesarios, hermosos, y para recordar.
27/06/2008
anorexia, el mal de las princesas?
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La doble moral no tiene freno. Nos bombardean los medios de comunicación y la publicidad con todo tipo de productos para adelgazar. Llega el verano y aparece la silueta de una mujer pegada a una cinta métrica, en bikini, blanca y delgada, con la promesa de perder cinco kilos en quince días.Todo está preparado para que las gordas adelgacen. Sin embargo, si se está demasiado delgada, te tachan de anoréxica sin más. Y eso es un escándalo, en cualquier caso>? Padecer un trantorno alimenticio es un escándalo? Es el mal de las princesas? ...Cuándo le decimos a un gordo "estás como un cerdo, das asco"? sin embargo, a una mujer delgada se le dice con una facilidad alarmante: "Estás esquelética, das pena, pareces anoréxica, solo se te ven huesos"...no es una falta de respeto y un agravio a la sensibilidad? por qué? por qué se dice, sin más, cuando al parecer media humanidad quiere adelgazar? Está enferma la pricesa Letizia? pues seguramente no. Puede que su constitución sea esa, delgada, y que queme todo lo que come por nerviosismo y ansiedad, pero eso no la convierte en una enferma. La anorexia es una etiqueta que se aplica en cuanto la calvícula sobresale, la cara se afila y se tienen las piernas finas. Se puede estar delgada, delgadísima, incluso flaca, sin estar enferma.Pero es sorprendente con qué facilidad te cuelgan la enfermedad de marras. Teniendo en cuenta que se trata del único transtorno psíquico que puede llevar a la muerte por inanición, parece que el hecho despierta un morbo extraordinario. Por qué es anoréxica? tendrá la regla o ya se le habrá retirado? su marido la quiere todavía o ya le pone los cuernos con una tía maciza? se acostará con ese saco de huesos? Lo ponen todo muy fácil para que la gordita pierda peso, pero terriblemente complicado a las verdaderas anoréxicas, condenadas a muerte por el desprecio, la compasión judeocristiana, el cotilleo patético de muchos y sobre todo, la soledad más absoluta que se puede experimentar. No sólo es el mal de algunas princesas, es el mal de cualquiera, de las que son ellas mismas y no son nadie. Y más, cuando realmente ni siquiera están enfermas.
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26/06/2008
ORGASMO
Electrica mujer, electrica
Corriente
Temperatura normal, temperatura
Ambiente
Termómetro rectal, pubis del bosque
Clítoris igualado, cabalgadora urgencia
Caballo desbocado, jinetera
Hembra sin calendario
Ogino, todos
Sus calculos.
Salvaje, puta, madre, directora
Geografia util en el ultimo rio
Mala, zorra, vertiente
Lo que calla es el tiempo
La soberbia se agota
Muelle de la victoria, músculo
Turbio , nota
Del clavicordio, clavicula
Calvario
Se revuelve la cruz aprisionando
Ese cuello de virgen profanada
Dios, dios, repite entre la fiebre
Dios, altisimo, pobre, latigazo
Presente.
24/06/2008
eduardo haro ibars
BIOGRAFÍA
Los pasos y patadas de Eduardo Haro Ibars
Por Encarna Jiménez
![]() | La biografía de Eduardo Haro Ibars, muerto en 1988, es el segundo libro que el periodista J. Benito Fernández, adscrito a los informativos de TVE, dedica a un personaje de complicadas relaciones con el mundo y con él mismo. En “Los contornos del abismo” llevó a cabo una investigación meticulosa para reconstruir la biografía de Leopoldo María Panero, dando claves para introducirnos en los ambientes por los que se ha movido el escritor. De aquella investigación surge este “Eduardo Haro Ibars. Los pasos del caído” que fue finalista del XXXIII Premio Anagrama de Ensayo. |
Eduardo Haro Ibars fue poeta, traductor de dudosa eficacia, letrista con la Orquesta Mondragón, periodista y “semiexperto en música y movimientos culturales. Su perfil no es el de un escritor ni tampoco un ideólogo. Más bien un personaje contradictorio y un ejemplo de ciertos comportamientos que cristalizaron en la época de la “movida madrileña”. Un periodo en el que Eduardo Haro se manifiesta en su lado constructivo y destructivo, con aristas siniestras y facetas seductoras. J. Benito Fernández ofrece testimonios de los que le trataron y, con premeditado cálculo, describe momentos que a más de uno que todavía vive para contarlo pueden parecerle comprometedores. No es una biografía complaciente aunque si resulte algo hinchada, quizá por estar menos trabajada que la de Panero. En todo caso, es un testimonio de una época tan excitante como poco sensata en la que muchos de sus protagonistas se muestran ya incapaces para ser dueños de sí mismos y, finalmente, acaban muriendo triturados por los fantasmas y las estrategias fatales para librarse de ellos.
J. Benito Fernández, Eduardo Haro Ibars. Los pasos del caído. Barcelona, Anagrama, 2005, 412 páginas.
eduardo haro teclen
Eduardo Haro Tecglen,
el Proteo de la intelectualidad española
Se presentan una serie de documentos acerca de las variaciones ideológicas de Eduardo Haro Tecglen, desde su papel de redactor del diario franquista Informaciones hasta el de columnista del socialdemócrata El País, a propósito de una polémica reciente habida con la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre
Eduardo Haro Tecglen (Madrid 1924), conocido hoy sobre todo por sus periódicas columnas en el diario El País, publicó el 23 de marzo de 2005 un artículo su sección habitual en el que atacaba a la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre, a raíz del cese de un médico del Hospital Severo Ochoa de Leganés, acusado de provocar la muerte a varios pacientes por mala praxis en la gestión de enfermos terminales. Debido al contraste habido entre el trato al médico español y a los que han desconectado a la estadounidense Terry Schiavo, Tecglen se despachó a gusto descalificando a la presidenta autonómica como «cristianofascista». Este insulto motivó, al día siguiente, una carta de réplica en la que la presidenta madrileña desmiente las acusaciones del columnista de El País, al tiempo que vuelve la acusación contra él, señalándole por haber sido partidario de los totalitarismos más salvajes del siglo XX: «en su juventud fue falangista y estuvo a favor del fascismo y del franquismo, y en su larga madurez fue defensor del estalinismo y del comunismo», señala Aguirre en su carta remitida al periódico El País. Un día después el aludido replicó en una breve Carta al Director del mismo periódico señalando que las acusaciones realizadas por Aguirre son todas falsas, para culminar el 29 de Marzo con un artículo en el que quita hierro a su acusación contra Aguirre y a su supuesto fascismo de juventud, excusándose en que fue obligado por los «fascistas» a escribir a favor del franquismo, cuyos herederos serían los que se le atacan en la actualidad (en clara alusión a Esperanza Aguirre). Debido a que varias de las referencias implícitas sobre el supuesto fascismo o estalinismo de Haro Tecglen son desconocidas para el gran público, incluimos una recopilación de textos sobre esta polémica ordenados cronológicamente, entre los que incluimos un texto de Haro Tecglen, publicado en el diario franquista Informaciones, donde loa la figura de Francisco Franco, así como otro del suplemento «Babelia» de El País, donde hace lo propio con el líder comunista José Stalin, así como algunos comentarios en la prensa española sobre esta fugaz pero sin duda muy reveladora polémica.
Eduardo Haro Tecglen
Dies Irae
Informaciones, Madrid, 20 de noviembre de 1944
La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.
Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad –lacrima coeli– una llovizna fina y gris.
El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange.
Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo.
Y así, en este día de dolor –Dies Irae– a las once –once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia–, la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas –cirios encendidos en sus manos– ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el mármol vela su cuerpo.
Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó.



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