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Consuelo García del Cid Guerra

Gracias a ella

La marcha de Mercedes Sosa me ha dejado un halo de angustia. Algunos artistas , muy pocos, transmiten bondad y realidad. Les miras a la cara desde la pantalla del televisor o en las fotografías de la prensa. Les miras y es como si les conocieras. No solo de algo, no. De mucho. Sientes y sabes que dicen la verdad y son auténticos. Piensas, que, por grandes, siempre estarán ahí. Que no se pueden ir. Les necesitas como un referente vital. Y es que no es lo mismo escuchar sus canciones si están vivos o muertos. Ayer se me encogió el corazón al recibir la noticia de su muerte. Menuda mujer. Que temas los suyos, que poderío, que voz, que persona. Siempre me ha hecho bien. Es una sensación conocida, incluso física. Para mí, el tambor es ella. Todo un instrumento en sus únicas manos. Y ese gesto de buena gente. Llana, sin pretensiones, tal cual. No es que solo me gustase, yo la quería como se quiere desde lo más entrañable a un desconocido. Era un personaje público y sin embargo yo tenía algo privado con ella. Ahora no me cabe duda de que lo sabe. “Alfonsina y el mar”, es para mi el verano del 75. Una época feliz, casi gloriosa, pegada a los atardeceres de Galicia y con nombre compuesto de hombre. Es alguien, no algo. Un tiempo que no volverá nunca más, pero que se ha quedado con forma de canción. Físicamente regresan aquellas luces únicas y un olor a Aqua di Selva bajo la oreja de quien, seguramente, huele ya distinto. Por esas cosas que nunca mueren, ella no debería haber muerto. Nunca. Hubo muchos veranos, países exóticos, aventuras irrepetibles, pero no como entonces. La frescura de la juventud almacena los asuntos fundamentales. Los que de alguna forma nos hacen persona. Los que, todavía, significan un sentimiento profundo. Sonreír al recordar es todo un lujo. Pasado el medio siglo tenemos ya mas pasado que futuro. Nuestro futuro se hace grande cuando el equipaje de memorias puede volver en cualquier momento para hacernos sonreír. Valió la pena. Es entonces cuando nos damos cuenta de que valió la pena. Los paisajes ya no son los mismos, pero podemos reproducir casi a la perfección un rostro, un perfil, un color…

 

 

He cantado mil veces “Gracias a la vida”  sobreponiéndome a las circunstancias. Cuando estaba todo feo ahí estaba ella dando las gracias.

“Volver a los diecisiete” es una excursión adulta en la que recuerdo a muchas amigas que no he vuelto a ver. Se quedaron en esa edad y para mi no crecieron nunca. Puede que yo tampoco. Me atasco en la letra, cierro los ojos y busco escenas de esas que permanecen para siempre en la memoria.

Pero sobre todas, sobre todas, todas, todas, esta la “Serenata para la tierra de uno”. Esa canción es un poema dulce y radical al mismo tiempo. Mercedes la arrancaba con seguridad, guiñaba los ojos, abría y cerraba sus manos frente al micrófono…Yo quería que fuese eterna. Inmortal. No solo su voz, toda ella. Hay gente que no debería haber nacido y otra que no debería morir nunca porque se ha ganado la eternidad. No me sirve eso de “nos quedan sus canciones”. No. Ella nos ha dejado por eso que se llama “ley de vida”. Es cuestión de tiempo, claro. Tenían que haberle dado mucho más tiempo. Era una persona valiosa. Buena. Importante. Nunca la vi en persona, pero la conocía personalmente desde dentro. Me toco el alma. Me llego al fondo de las entrañas, allí donde solo se accede a lo mas hermoso y a lo mas difícil. Allí estaba ella. Y no me parece justo que ya no este. Gracias, Mercedes Sosa.

Gracias por todo.

MERCEDES SOSA HA MUERTO

Referente vital, toda la historia. Gracias a la vida, Mercedes Sosa. Una de las mejores voces argentinas, comprometida, osada, mensaje de dulce voz con la fuerza arraigada de los fortalecidos y grandes de corazón. Todos los escenarios del mundo albergan el eco de tu voz, nuestra, vuestra Mercedes. Setenta y cuatro años de vida acompañadas de canciones. Guitarra muda que nos deja sin aliento..Vivió exiliada durante la última dictadura militar argentina, entre Paris y Madrid. Su regreso se convirtió en símbolo demócrata y de los derechos humanos .Música de protesta con canto de sirena.

Se ha ido esta noche siguiendo su serenata para la tierra de uno. Su Alfonsina y el Mar quedo grabada eternamente en todas las memorias.

Lloro solo una vez en el escenario con “Volver a los diecisiete”, recordaba a su nieta, que había dejado al exiliarse, y justo aquel día cumplía diecisiete años.

 -"Volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios", dice la canción. Sí, lloré. "Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando como el musguito en la piedra...".

Se ha ido esta noche. Todas las estrellas llevan ya su nombre.

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=zvd-8DRur-A

 

 

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

 

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

 

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

 

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te lastiman (castigan), mi amor,

yo quiero vivir en vos
yo quiero vivir en vos


“Gracias a la vida” es una canción nuestra, pero también universal. Hay múltiples artistas que la han grabado y una de esas voces, la más vigorosa, es la de Mercedes Sosa”.
MICHELLE BACHELET. PRESIDENTA DE CHILE

Juan Carlos Mestre PREMIO NACIONAL DE POESIA

 

 "Donde hay un poeta hay un insumiso"

"La poesía es un discurso profundamente republicano. Es el discurso de ciudadanos libres que ejercen su derecho a estar en desacuerdo desde el lenguaje de la delicadeza. Todo lo demás, tendencias, generaciones, grupos, está abocado al fracaso porque la poesía se resiste al saber".

Juan Carlos Mestre.

 

Primero de Octubre, parece que fue ayer. Fue ayer, mas de treinta años atrás, cuando las tertulias literarias en Amagatotis. Más que jóvenes, estudiantes, jovencísimos. Ya eras grande, Juan Carlos. Maestro de ceremonias, orador a la antigua, timbre de voz de príncipe feliz. Se nos deshacían las madrugadas en excesos de palabra, calientes diserciones, recitales adorables por todos los adorados, tantos..Algunos se marcharon demasiado aprisa…Raúl Núñez, todo el, en tu casa de la calle Nobel ( curiosa coincidencia, tal vez nos veamos en Estocolmo algún día…) cuando te despedías de España rumbo a Chile…lucia yo un avanzado embarazo que entre humos y horas me deshizo el sentido. Bajamos la escalera, me derramaste unas gotas de perfume sobre la mano, yo te dije, ay Mestre, que me mareo…recuerdo poco más. Dicen que me cogiste en brazos, asustado, y tendida en la cama todos me daban aire …resulto una lipotimia que me obligo a permanecer muchas mas horas con todos. No fue fácil tu marcha. En absoluto. El aeropuerto era pequeño para alguien tan grande. “Volveré”, repetías. Fueron años de cartas que iban y venían, otras que nunca llegaron y entretanto tu premio Adonais.

Fue ayer. Todo aquello fue ayer. Tu esperado regreso, algo cansado, la casa que se deshizo sin ser roja, días y días tirando objetos servibles aligerando equipaje, las cosas que regalabas, cortinas teñidas por ti que se rasgaban con hojas de afeitar, cuadros que nunca se colgaron en pared alguna y todos los muros de la memoria. Las fotografías juntos que me cuesta no publicar aquí, entre la duda de lo intimo y la privacidad de un álbum que se hizo, porque es, familiar. Tus cartas, que son auténticos poemas. Y tú, el retrato de Dorian Gray.

Te he dicho esta mañana que tu alegría es la mía, y te quejas de que llevas treinta años esperando mi beso en el corazón. Ahora que todos los árboles han grabado los nombres y los espejos reflejan otros rostros con el resto de lo que físicamente fuimos, puedo ver a Raúl. Se ríe a mandíbula batiente mientras se bate en duelo por una copa de más. Le veo muchas veces como le veras tu. Vive en tu casa roja, esa que acaba de ser laureada ayer. Creo que nos esta esperando, encendida, para cuando el invierno se decida a concluir este largo viaje de versos permanentes, de la apuesta personal por vivir de otra forma y contra todas las formas. Ayer, porque fue ayer, te nombraron como se nombra a los excelsos, a los grandes insistentes, a los que están y son. Premio Nacional de Literatura : Juan Carlos Mestre. Por las brazadas de la abundancia y los tiempos necesarios, por tu fidelidad eterna, por ese laboratorio de insectos inyectados en colores, iris, manto y paisajes. Canciones, grabados, regalos, libélulas. Por tus tres gatos dormidos y despiertos que huelen a trementina, patchouli, barniz y betunes de Judea. Nunca seremos viejos, aunque el paso de las horas insista velozmente en disfrazarse de años. Queda todo lo escrito, lo que aun por decir se despereza en el hueco mas recóndito de nuestros corazones, donde se encuentra el beso que hoy reclamas, ese que aquí te entrego con forma de modesta   crónica animada, en homenaje al grande, al amigo presente, al eterno poeta , a mas de treinta años construidos sobre tu casa roja, asilo de los resistentes, almacén de tus néctares, soledad consentida donde aun permanecen unas cuantas cuartillas. En ellas has escrito por todos los vencidos, benditos y especiales. Fue ayer cuando de pronto la luz se prolongaba con excesos egregios anunciando tu nombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CASA ROJA

 

A Carol Dom

 

Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa donde los cardenales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio. El diluvio tiene las barbas blancas como el sauce de la jurisprudencia un domingo de bodas. Los predicadores aman la tempestad y golpean con sus Biblias de nácar la erección de los guardiamarinas. Las familias beben alcohol, se santiguan, recolectan insectos. El niño de la lámina se masturba plácidamente con la transparencia. La rosa de Jericó huele a vainilla. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa cuya ilusión está llena de peces, el pez de San Pedro, la conciencia del delfín encerrada en el aro de la bahía desierta. Lorenzo de Médicis tenía una casa roja, las maniquís de Bizancio tenían una casa roja. Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con humo de lo ardido y lava de diamante. La geometría bebe veneno, en el canto de los pájaros suena la armonía del baile de los muertos. En la casa roja hay una mesa blanca, en la mesa blanca hay una caja de plata con la nada del sábado. La intemperie gime contra los muros, la tristeza gime contra los mármoles. El profeta tuvo una casa de papiro a la orilla del lago, la muchacha del ghetto vivió en la casa de las preguntas. Mi mano izquierda luce un anillo de agua, en el camafeo de la supersticiosa brilla el mercurio de la temperatura. Lo que canto es lumbre, caballos lo que canto contra la aritmética y los números. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja, una casa bajo el índice del cielo y el negro nenúfar de la amante devota. El muchacho con ojos de ebonita ama la enfermedad y el rubí de los reyes. Las mujeres hermosas sueñan con acuarelas, sueñan con garzas y volúmenes y súbitos prodigios sobre las alfombras de lana. Yo vivo extraviado entre dos rosas de sangre, la que tiñe la calamidad de impaciente belleza, la que tiñe la aurora con su astro eucarístico. Mi voluntad tiene la cólera del orfebre, mi capricho tiene el óxido de una frente de hierro. Nadie cruza los bosques malignos, nadie sobre la yerba de la muerte escucha el desconsolado discurso de las ceremonias asiduas. Yo veo el arco iris, yo veo la patria de los músicos y el olivo de los evangelios. Mi casa es una casa roja bajo la fibra de un rayo, mi casa es la visión y la beldad de una isla. Aquí cabe la gala del mandarín y la escrupulosa usura de las edades antiguas. Esta casa mira al norte hacia las lagunas de helechos, esta casa mira al sudeste azotada por el aliento de los que piden limosna.

 

© Juan Carlos Mestre 

BARBARA HUTTON

Conocida como Bárbara Hutton, se llamaba en realidad Bárbara Woolworth Hutton, una de las mujeres más adineradas de la historia, cuya vida estuvo siempre marcada por la infelicidad. Acaso no supo encontrarla o los cazadores de fortunas la acosaron hasta  tal punto que su existencia se convirtió  en un espejismo artificial del que no supo salir.

Nace en New York el 14 de Noviembre de 1912. Hija de una rica heredera, Edna Woolworth, nieta del empresario más rico de América. Su padre era un broker de Wall Street. Contaba solo cuatro años cuando su madre se quito la vida, harta de las infidelidades de su marido, que paseaba las amantes ante sus propias narices. Bárbara fue criada por distintos familiares y “tatas”, y la prensa estadounidense la bautizo ya entonces como a la famosa “pobre niña rica”. A los 21 años, hereda de su madre nada menos que cincuenta millones de dólares, hecho que la convierte en la mujer más rica del mundo. Falsas amistades, envidias y todo tipo de personajes aprovechados intentaron sacar partido de Bárbara, débil, depresiva y obsesionada con su aspecto físico. Derrochaba grandes cantidades en joyas, coches y mansiones. Excéntrica y excesiva, adicta al alcohol y a las drogas, además de padecer hasta el final de su vida un severo transtorno alimentario, anoréxica sin remedio que somatizaba en los alimentos su necesidad de afecto, soledad y tristeza.

Su primo Jimmy Donohue, un tipo de apariencia playboy que tuvo un affaire con Wallis Simpson, le descubre el mundo gay, ambientes que frecuento siempre como la gran maestra y reina de todas las fiestas y ceremonias.

Contrajo matrimonio  siete veces, por este orden:

 

el Conde Kurt von Haugwitz-Hardenberg-Reventlow
-el actor Cary Grant
-el Príncipe Alexis Mdivani
-el Príncipe Igor Trubetzkoy
-el diplomático y dandy Porfirio Rubirosa, embajador de Santo-Domingo
-el Barón Gottfried von Cramm
-el Príncipe Pierre Raymond Doan

 

Coleccionaba aristócratas canjeando posición social nobiliaria por dinero, una fortuna que gastaba de forma inconsciente, hecho que le costo su matrimonio con Cary Grant, el único hombre que la quiso por si misma y que renuncio, además,  a la cantidad legada por ella después de su muerte,

En 1945 regala al gobierno de EEUU  su mansión de Hyde Park, que se convirtió en la nueva embajada. Su único hijo, del que nunca se preocupo lo mas mínimo, murió a los 36 años al estrellarse con su propia avioneta.

Bárbara se hundió por completo, abandonada como nunca, y consumiendo todo tipo de sustancias. Regalaba joyas a desconocidos, costeaba grandes fiestas y extendía cheques al portador como si fueran cromos. Sus divorcios la llevaron a la bancarrota. Todos sus ex maridos, excepto Cary Grant, que estuvo a su lado hasta el final,  actuaron como aves carroñeras.

Murió a los 66 años en la habitación del hotel de Los Ángeles. De su inmensa fortuna solo quedaban tres mil dólares en el banco y algunas joyas en su caja fuerte.

POLVORA MOJADA

Era bueno. Tenía el morbazo de las canciones lentas a media luz. El giro prolongado y un  brazo adolescente que nunca terminaba de rodear el todo por el todo. Ese pulso en el cuello que contaba latidos, las luces en el techo jugando a confundir. Un trozo de papel en los bolsillos. Pequeño. Lo justo para anotar un numero de teléfono…

 

 

Pablo Abraira

POLVORA MOJADA

 

 

 

 

 

Yo te acaricie por nada

por sentirte un poco mía,

me gustaba ver tu cuerpo

y tener tu compañía.

 

Tú callabas, yo reía

y de pronto me di cuenta,

Tú temblabas en mis manos,

me sentí como un gusano

y te dije mírame

tu llorabas, yo no se…

 

 

Mujer, me estas pidiendo amor

y yo no puedo darte nada.

Mujer, no sigas por favor

por que la llama del amor

no enciende pólvora mojada

 

Deja ya este juego

que no hay nada mas cruel que jugar con fuego.

 

Preguntaste hay esperanza

yo te dije no, ninguna

para que probar fortuna

que vas a esperar de mi.

 

No te amo, tu a mi si

fuiste recogiendo alas

como un águila herida.

 

Corazón, así es la vida

cuando se juega, el amor

no juguemos, es mejor.

 

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=194AhTP1slw

¿Marketing para escritores?

Una pagina entera en “La Vanguardia” de este domingo plantea la siguiente cuestión : “Como escribir una novela?”. La escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés, creada hace ya diez años, ofrece cursos on line. Personalmente me siento muy lejos de los talleres literarios y escuelas de escritores. Puede que se trate de un negocio más, y no dudo de su utilidad para algunos. Creo que la literatura no tiene otra escuela que la lectura. No me considero capacitada para enseñar a nadie y no se si podrían enseñarme a mi, es posible, pero otra cosa es que me interese y que lo lleve a la practica. Escribir es un acto íntimo, implica una forma de ser y de vivir, exige sensibilidad a flor de piel que no se podrá encontrar jamás en manual alguno.

De esa escuela de escritores han salido ya varias plumas publicadas y publicitadas. Puede que se trate de un trampolín institucional que conecte con facilidad a autores noveles con editores o a través del propio profesorado. Han pasado ya más de siete mil alumnos. En cualquier caso, el entramado me asusta. Durante los setenta, dabas una patada en cualquier bar. bohemio y aparecían diez escritores, otros tantos pintores, escultores y fotógrafos. En los ochenta, todo cristo era diseñador y la moda de España nos perseguía por todas partes, con hombreras incluidas. Las peluqueras pasaron a llamarse “estilistas”, hacían lo mismo, claro, cortar el pelo. Y a cualquier cosa distinta se le aplicaba aquello de las “nuevas tendencias”. Lo de ahora me parece grave.

“Marketing para escritores”, una guía para acceder al mercado, informa al final del extenso articulo de un libro a modo de guía en la que se ofrecen “estrategias y todo tipo de información útil para quienes desean publicar, promocionar y vender su obra”. Esto ya es espantoso. He dicho muchas veces que si el marketing tuviera forma física, yo seria su asesino. El autor y el marketing deben estar forzosamente lejos y en eterno conflicto. Cuanto mas lejos mejor. Aunque teniendo en cuenta que las editoriales cobran por publicar, ahora resulta que además de escribir, hay que saber promocionarse. ¿Y los agentes literarios?...algunos se quejan de que “nadie les paga por leer”, y tienen razón. En este laberinto económico donde el dinero no aparece por ninguna parte para el autor, cuyos ridículos derechos son liquidados a final de año y normalmente no dan ni para tabaco, se están torciendo los conceptos de forma peligrosa. El panorama literario actual esta inundado de mediocres, amiguismo y nombres determinados que en muy poco tiempo se han convertido en aspirantes a “best seller”. El record de ventas va respaldado por una publicidad determinada, una apuesta discutible que ante la opinión publica pasa totalmente desapercibida. Grandes genios son ignorados. Enormes medianías resultan encumbradas. La imagen de un poeta en su buhardilla, sin afeitar, con mitones, muerto de frío a la luz de las velas, ya no vende ni le interesa a nadie. Y que nadie dude, por favor : Existen todavía.

 

Declararse oficialmente “loco”, tampoco. Rebelarse sale tan caro como lo fue en los sesenta. “Todos los escritores son enfermos mentales, borrachos o drogadictos”. Esto me lo dijo una persona sin saber que yo escribo. No es que la descripción se encuentre lejos o cerca de la realidad, porque de todo hay, como en botica, pero ni mas ni menos. Si matizaría que la cocaína, sustancia toxica por excelencia, es lo suficientemente cara como para que cualquiera no se la pueda permitir. Eso si, los expertos en marketing, que son los grandes consumidores, esos de los que –supuestamente- debemos aprender a vender nuestros libros, se han montado ahora un nuevo mercado invertebrado pasando por encima de lo divino y lo humano. No es como una marca de champú, un perfume o una lavadora. Es un libro. Son paginas llenas de sentimiento, intriga, tensión, romanticismo, ira, venganza …pueden encontrarse concentrados todos los pecados mortales, las virtudes teologales, los diez mandamientos y la historia de todas las putas madres. Eso no tiene precio. Y no creo que el marketing deba tener vela en nuestro entierro.

EN EL DIA DE HOY

 

 

 

 

 

Me retumban los oídos como si atacara el imperio. Veo colocar letreros de “se vende, se alquila o se traspasa”, a grandes velocidades. Tanto, que los cinco días hábiles se diría que probablemente inhabilitan. No estoy centrada, y en los márgenes, como en las minorías, se encuentra lo autentico. Siento la encerrona. He pasado por la plaza de toros Monumental y por primera vez he sentido rechazo. Escucho, leo las noticias. Un conglomerado de historia reciente adquiere forma de puzzle, porque ya no se sabe donde y como colocar los casos y las cosas. Todo se tuerce. Nada encaja.Los armarios están llenos de inocentes. De cualquier esquina sale un verdugo ejecutor. Es cuestión de conciencia. La ciencia, como siempre, avanza una barbaridad, pero nuestra moral se confunde con lo necesario. Somos demasiado como para quedarnos de brazos cruzados. Incluso el gesto, por cierto, llegaría a cuestionarse. Puede que no nos maten a balazos, pero si con papeles. Detectados, sellados e historiados. La nuestra será una historia clínica y social. Por dentro nos deterioramos, por fuera nos destrozamos. Faltan palabras. Posturas. Riesgos esenciales. Manifiestos reales. El discurso del peligro. La espera es maquiavélica. Demasiados perdones atrás que permanecerán en el olvido. ¿Dónde están los intelectuales?, pregunta un hombre sabio en la presentación de su libro. Me pregunto lo mismo, ¿donde están ?. Pasado el tiempo, será cierto que las cosas se ponen el su sitio? …Ante semejante espectáculo en el que iglesia y justicia cometieron errores y horrores, las conciencias de aquellas victimas hoy adultas, hechas, convividas y confesadas, se han convertido en reos con puntos de sutura en el alma. Acción, reacción … ¿Qué estamos esperando?

El cambio general de otros, las decisiones de ellos, el monte de unas ánimas ajenas que harán de todos nosotros las marionetas de siempre pero con un nuevo material más resistente. Armado. Este inolvidable presente anclado en su propia historia oficial que olvida lo importante, crucifica un mal que no responde, adoctrina sin mas en nombre propio, como si cada carnet de identidad fuera una Biblia, conveniencia a lo sumo, restada de un interior confuso, obtuso, convencido a si mismo por empeñarse en ser mas allá de otra cosa: Persona, quien da mas. Falta osadía. Descaro. Improperio. Rebelión, manifiesto, lanzamiento personal camino a todos los tiempos. Estos que nos regala desventura, con absoluta certeza, lazo que es atadura, discurso sectario fácil de entender y mucho más creíble que todo lo complicado.

Sin embargo, un deseo enfermizo de tocar el tambor, de puntapiés, zancadillas y traspasos prohibidos, allí donde nadie escribe ni conoce lugar excepto para ser el mas inútil de los grandes desconocidos. Los talentos no cuentan, la cuenta atrás en números carnales, obscenos y en el grito gutural del desespero causado por un sistema métrico decimal que no tiene sentidos. Huelo ese miedo inconfundible de la más profunda incertidumbre. Solo nos quedara todo aquello que no nos pueda quitar nadie. Pero es que lo bailado ya parece ridículo. Recuerdo una canción de hace ya mucho. No ha cambiado. Tiene sentido aun, a pesar del otoño.

 

 

 

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=Gq6yQSZeEfs

http://www.youtube.com/watch?v=fxjL2Fac40Y

 

 

 

 

 

 

 

Se quien es, pero no la conozco. Este es el tercer Lunes que me manda un hermoso correo. Confieso que por pura curiosidad, lo esperaba. En el campo del asunto, dice : “El Arca de Noe”. Adjunta una canción de Ella Fitgerald : “Lulaby of Birland”. Estoy escuchándola en este preciso instante.

Y el texto que me envía es el siguiente:

 

 

"Cada poema un pájaro que huye

del sitio señalado por la plaga"

                                              ÁLVARO MUTIS

 

 

Ella estaría ahí, tan pesada

Con su vientre de hierro

Sus bielas de acero suave

Tornasoladas con el reflejo del aceite

Y sus volantes de latón

Sus tubos de agua y de fiebre

Correr a por sus raíles

Como la muerte a la guerra

Como la sombra en los ojos

Hay tanto trabajo

Tantos y tantos golpes de lima

Tanta pena y dolores

Tanta cólera y ardor

Y hay tantos años

Tantas visiones amontonadas

De voluntad recogida

De heridas y de orgullos

Metal arrancado al suelo

Martirizado por la llama

Sometido, atormentado,reventado

Torcido en forma de sueño

El sudor de las edades está

Encerrado en esta jaula

Diez y cien mil años de espera

Y de torpeza vencida

Si quedara

Un pájaro

Y una locomotora

Y yo solo en el desierto

Con el pájaro y lo que fuera

Y si dijeran elige

Qué haría yo qué haría

Él tendría un pico menudo

Como coniviene a los conirrostros

Dos botones brillantes en los ojos

Un pequeño vientre cebado

Lo tendría en mi mano

Y su corazón latiría tan deprisa...

Alrededor el fin del mundo

En doscientos doce episodios.

Él tendría plumas grises

Un poco de moho en la quilla

Y sus finas patas secas

Agujas forradas de piel

Vamos, con qué se quedaría usted

Pues es preciso que todo perezca

Aunque por sus leales servicios

Le dejamos conservar

Una única muestra

Comotora o pajarillo

Llevar todo a su principio

Todos esos pesados secretos perdidos

Toda ciencia derribada

Si dejo la máquina

Pero sus plumas son tan finas

Y su corazón latiría tan deprisa

Que me quedaría con el pájaro.

 

                                                  BORIS VIAN

 

...Feliz lunes.

 

 

Se quien es, lo he dicho al principio. Y lo se porque ella ha ganado un importante premio de poesía al que también me presente yo. Nunca había oído su nombre. No antes. Ahora siento la necesidad de leerla, por lo que comprare el libro. Hace cuatro días que no abría mi buzón de correo postal. Ayer, Domingo, recogí toda la correspondencia. Una carta inesperada cuyo contenido ha resultado toda una sorpresa, me informa de que he quedado entre las tres finalistas en ese certamen. No se si la segunda o la tercera. El primer premio lo ha ganado ella, y yo quede atrás. Hace mucho que no escribo poesía. El trabajo del periódico y una novela que no acierta a decidir su final, más otro libro testimonio me tienen completamente atrapada. Nunca hay tiempo suficiente, y cuando lo hay, no consigo concentrarme. Ella es mucho mas joven que yo. Vive en Barcelona. Permitidme que no publique su nombre. Esperare al próximo Lunes. En cualquier caso, distintos paisajes revolotean por mi memoria. “Han pasado los años, yo estoy algo cansada de luchar por la poesía, pues es verdad, hay pocas cosas mas hermosas pero hay que vencer grandes dificultades. Mi hija esta entregada a la editorial y eso me alegra pues así mi trabajo de años tendrá continuidad…”. Esto me lo escribe mi amiga la editora, a la antigua usanza, en una carta de papel, con su firma estampada en tinta azul.

He buscado los versos de mi libro. Tan cansada como ella, probablemente. Y al releerlo todo, me he quedado en paz conmigo misma.

finalista

Miles. Han sido miles. Si, ya se. Estar entre las tres últimas es un privilegio.

Ha sido la única vez en que me sentía segura de mi misma, de lo escrito, del titulo y de la obra. No he perdido pero tampoco he ganado. Pensaba , durante estos últimos días, que la poesía me había abandonado, o que yo la he abandonado a ella. “No escribo porque estoy condenado, estoy condenado porque escribo”, dice Panero. “Nadie que no haya sufrido puede considerarse un verdadero “maldito”, dice David González.

He Nombrado La Vida para seguir adelante, y puede que se trate de una señal. No creo en los asuntos esotéricos ni soy excesivamente espiritual. Casual, causal, un color, escaleras bajo las que paso, gatos negros que tengo entre mis brazos, martes y trece que me dan lo mismo…momentos que son los que son, días consumibles que intentamos hacer distintos…y las palabras que se escriben como sello de lacre, porque te dejas ahí, te desnudas, enseñas, confiesas y ahondas hasta el final de los pozos. No me han dado una alegría pero me han dado un toque. Algo así como “sigue, algún día lo vas a conseguir”. En el grupo de tres que ha llegado a la final estaba mi obra. Será un paso adelante. Seguro. Una forma de seguir entre las líneas, todas, pase lo que pase. Siempre sucede algo.

¿QUIEN FUE CARMEN BROTO?

Carmen Broto sigue siendo un misterio que no muere. La calle Legalidad de Barcelona y su melena rubia a lo Verónica Lake son las imágenes que pueden dar música a todos los tangos y todos los boleros.

“Yo estuve en el juicio de Carmen Broto”, me contó un periodista. Había oído hablar de ella mucho antes a distintos abogados. Años mas tarde, la serie televisiva “la huella del crimen”, le dedico un episodio. En realidad, su historia es de película. Juan Marse la camufla en su “Si te dicen que caí”, sin reconocer del todo que se trata de ella.

Nace en Casa Pardina de Guaso en 1924. Se llama en realidad Carmen Brotons Buills, apellido que cambia por el de Broto por resultar mas sonoro y supuestamente señorial. De origen muy humilde, pronto se trasladaría a Boltaña con sus tíos. Como tantas muchachas pobres de la época, llego a la ciudad de Barcelona para trabajar como sirvienta, oficio que abandonaría rápidamente porque no tenía futuro. Ambiciosa y sin escrúpulos, ejerce la prostitucion en el Barrio Chino y algunos burdeles. Más tarde frecuenta salones y clubes donde empieza a relacionarse con hombres de la alta sociedad. Uno de ellos, Ramón Pane, le puso un piso y la mantuvo durante casi dos años pasándole una renta nada despreciable. Mas tarde, un conocido empresario del Teatro Tivoli que vivía en el hotel Ritz, la utilizo para ocultar su homosexualidad, por lo que Carmen entro en los mejores lugares acompañada de Martínez Penas, que así se llamaba el millonario en cuestión. Era la perfecta coartada social y se socorrían socialmente para evitar habladurías con respecto a la condición sexual de Penas, entonces muy mal vista y considerada un delito por el que se aplicaba la ley de Peligrosidad Social. Carmen consiguió estar muy bien relacionada y amaso una pequeña fortuna, además de contar con una importante colección de joyas que lucia con descaro y orgullo. Era, además, una mujer muy confiada y con gran resistencia al alcohol. Tuvo “protectores” muy importantes y conocidos, además de amigos, entre los que se encontraba Jesús Navarro Manau, un joven bisexual, de vida alegra y muy guapo por el que ella sentía debilidad y que termino resultando ser uno de sus asesinos. Su amante, un pianista llamado Eusebio López Sert, ayudo a los asesinos para poder alquilar un coche. La intención no era únicamente robarle las joyas, sino que la propia Carmen les condujera hasta Martínez Penas para robarle a el. Posteriormente la matarían y la harían desaparecer con la intención de que todas las sospechas recayeran sobre ella. Sin embargo, se quebró el plan, creando una leyenda negra en la que, al parecer, todos mentían. Sexo, dinero y poder, los tres maquiavélicos conceptos , se mezclaron en la apasionante historia de Carmen Broto y los asesinos. Al parecer, ella sabía demasiado y había visto mas. Negocios ilegales, chantajista…se hablo de unas comprometidas fotografías en las que aparecía ella manteniendo relaciones sexuales con menores. Se dijo, también, que era la amante del estraperlista Julio Muñoz, individuo que entregaba menores de edad al Obispo de Barcelona, y que era la protegida de un alto cargo franquista en pleno régimen, delatora de supuestos enemigos antifranquistas y confidente de la policía. Se la consideraba, además, responsable del fusilamiento de varias personas.

Sucedió la tarde del 10 de Enero en 1949. Jesus llama a Carmen para pasar una noche de juerga a la que estaban acostumbrados. El chico la recoge con un coche de alquiler acompañado de Jaime Viñas.

Beben en distintos locales de alterne de las calles Casanova y Rosellon. Al dar ella muestras de estar borracha, es conducida de nuevo al coche para matarla. Al pasar ante el Hospital Clinico, Viñas la golpea con fuerza en la cabeza con un mazo de madera. Carmen se defiende y pelea con el, intentando escapar. No lo consigue, se desmaya y es conducida hasta el huerto de la calle Legalidad, donde han quedado en encontrarse con el padre de Jesús. Para entonces, Carmen ya esta muerta. Se quedan con las joyas y entierran el cadáver. El coche quedo lleno de manchas de sangre y se dejaron demasiadas pistas. Jesús Navarro Manau fue detenido y no le costo confesar. Su padre y Jaime Viñas se suicidaron ingiriendo cianuro antes de ser detenidos. Jesús fue condenado a muerte, pero la pena fue conmutada por 30 años de cárcel. Fue liberado por buena conducta tras pasar más de diez años en el Penal de Ocaña.

Carmen fue la mujer con la que todos los hombres de la época querían acostarse. Una mujer de bandera, alta, guapa, aunque vulgar

La suya fue una muerte con trasfondo político. Cortesana, confidente, espía, maquis. Dueña y señora de todos los secretos oscuros de aquella Barcelona negra. Vicios de personas muy poderosas. Ella misma, sintiéndose apartada del círculo de Muñoz Pena, se dirigió a Jefatura a denunciarlo todo. Curiosamente fue asesinada pocos días después. Crímenes similares cometidos en otros países llegaron a provocar una caída de Gobierno. La realidad es que nunca se sabrá quien era Carmen Broto. Sobre ella se ha escrito mucho, fundamentalmente autores barceloneses que investigaron la historia. Incluso la serie televisiva “La huella del Crimen”, dedico un episodio a Carmen Broto, magníficamente interpretada por Silvia Tortosa. La calle Legalidad será siempre la calle del crimen por excelencia.

esplendor en la hierba

Aunque nada pueda volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, pues encontraremos fuerza en el recuerdo.

Oda a la inmortalidad.

 

El Pais

 

 

 

 

 

“El Pais” y el PSOE, padre e hijo, hijo y padre, casi uno y trino, ahora están que trinan. El periódico, que parecía haber sido creado por o para un partido político en manos de Felipe González, da una vuelta de tuerca en plena crisis, para morir dignamente o morir matando, que la cosa no queda del todo clara.

Ha sido el diario progre por excelencia y los progres han crecido y han cambiado de chaqueta, a la par que una serie de inesperados descamisados ( de poca confianza) elevan su voz en busca de auditorio nacional.

Si es que todo es negocio, todo se compra y se vende. La información digital esta siendo su cáncer y la libertad de expresión incontenida ese dulce veneno que se les ha escapado de las manos. Negras. Ya no nos pueden hacer comulgar con ruedas de molino porque todo sale en youtube a los quince minutos. Tampoco se puede hablar de la feria según le va a uno y otro porque verdad solo hay una y también se escribe, aunque sea en manos profanas, noveles o aspirantes a algo. Mire usted, hasta san dios al séptimo día no hizo nada esperando su bendito dominical envuelto en celofanes como las muñecas de antaño, con panfletos propagandísticos de marketing directo camuflados a modo de favorcillo por aquello del interés o los intereses comisionados, que tontos del todo no somos. Tampoco tenemos ya la pasta suficiente para adquirir las casas, mobiliario no urbano y demás fruslerías que los suplementos nos conceden. Alucino. El País, el nuestro, el de toda la vida, ataca al gobierno legal vigente. Claro que en el holding este hay mas, pero que mucho mas. Y tiemblan los trabajadores, que son los más importantes. Tiembla el imperio que se les va de las manos porque todos tenemos ya pantallazo informativo a elegir. Y es que leer, lo que se dice leer, leemos mas que nunca, a derecha e izquierda, y así sacamos la media. No tenemos que esperar quince días para comprobar si, con suerte, al fin nos publican una de esas cartas al director, porque podemos despacharnos a gusto en los comentarios. Un minuto, un nick, un correo electrónico que además no es mostrado y zasca ¡ hemos opinado.

Además escribimos gratis. Si, gratis. Se acabaron las plumas de lujo, el editorial pagado, la opinión comprada. Y si queremos publicar un libro, ningún problema, pagamos y lo sacamos. Si, pagando. El negocio editorial ha creado una nueva modalidad de lucro : Escritores que pagan para difundir sus obras. Ellos son los autores, los insomnes, los trabajadores, los distribuidores, los maquetadores…y encima, para mayor comodidad, si después de soltar la pasta por publicar quieren un ejemplar, también hay que pagarlo. Se hace por Pay Pal. A mi el sistema ese, fonéticamente me recuerda al famoso “Paypay”, por lo que mis nervios sensitivos, inconscientemente, me transportan a un paisaje del Caribe donde un tipo gordo, con camisa hawayana y bigote, se abanica. Así lo veo, pero puede que sea un espejismo producto del capital. No puedo extenderme mucho más porque tengo Prisa.

 

http://www.youtube.com/watch?v=y8z1slUupcM

 

en un lugar del mundo

Los que no hemos pasado hambre crecemos con el hambre en la tierra. Para los niños de entonces era la hucha del Domund y la revista “Mundo Negro”. Retrocedo intentado recordar cuando, en que momento preciso fui consciente de ello, y creo que fue en la calle, un día cualquiera, cuando por primera vez vi. “pedir” a alguien. Era blanco, y fue eso lo que me llamo la atención  : El color de su piel. Desde las aulas colegiales, tan alejadas siempre de la realidad, no dejaban de hablar sobre los niños de África. Nos mostraban diapositivas y teníamos mala conciencia a la hora de comer si nos dejábamos algo en el plato. Y para casi todas se trataba de algo muy lejano, casi irreal. Las mujeres iban semi desnudas  y los niños descalzos, con los vientres hinchados, moscas alrededor de la cara y mocos que su madre nunca limpiaba. Era otro mundo, pero todavía no se le llamaba el tercero. Ignoro de donde salio ese concepto. El hombre blanco que pedía limosna tenía los ojos tristes. Le mire sin disimulo y me devolvió la mirada. Al día siguiente estaba allí, apostado en la misma esquina. No tenia otro sitio. Lo supe con el tiempo, del mismo modo en que adivine que el no tenia nada que hacer porque vivía en la calle. Le robe a mi madre cuatro croquetas de la cocina la primera vez y se las puse en su mano. “Gracias”, me dijo. Al día siguiente robe un poco mas, y pasadas algunas semanas, le cogí a mi padre algunos cigarrillos. Pasaba todos los días, camino al colegio, con mi paquetito bajo el brazo. La mujer que nos acompañaba no se daba cuenta de nada. Ni siquiera le miraba. Yo buscaba por las calles a algún negro. Pero nunca vi ninguno. Pensé, entonces, que estarían escondidos en reservas, como los indios de las películas. Y no entendía por que en mi ciudad no había personas de color. Durante el invierno, el señor que pedía llevaba los pies envueltos en papel de periódico. Sin pensarlo demasiado, le robe unas zapatillas y unos calcetines a mi padre. Nunca nos llegamos a dirigir la palabra, y el hombre permaneció en el mismo barrio, caminando de noche y quieto en la misma esquina durante el día. Con los años descubrí el extraño ambiente de un bar., desaparecido hace poco, que se llamaba “Oro negro”. Dos personajes me llamaron mucho la atención : Una mujer con bigote y barba y un hombre muy alto teñido de rubio. La mujer llevaba una larga melena también rubia platino. Siempre estaban juntos bebiendo cerveza. Ella cuidaba su bigote, perfectamente recortado. También la barba. Tenia un timbre de voz chirriante, a lo Gracita Morales. Siempre llevaba un jersey rojo. No se cuanto tiempo debió pasar, probablemente años. Para entonces, ya había visto negros pero no pedían. Les veía deambular vendiendo gafas, collares, alfombras y figuras de madera. La mujer del bigote ya no llevaba aquella larga melena rubio platino ni vestía el jersey rojo. Tenia el pelo gris, tosía mucho y caminaba sin rumbo por las calles del barrio. Empecé a verla sucia y pude comprobar que hablaba sola. Más tarde la vi por Las Ramblas, como un personaje estrambótico más, típico de la zona. Había degenerado mucho y resultaba evidente que vivía en la calle. Tosía y tosía, con un estertor feo. Durante el invierno se metía en los bares buscando calor, pero la echaban. A veces la encontraba sentada en el interior de alguna oficina bancaria, de la que también terminaban echándola. Un día nos encontramos frente a frente y se dio cuenta de que la miraba. Sin detener su paso, me pregunto: “Nena, me quieres recoger?”. Me asuste, no se por que, y le respondí : “No”. Ella siguió andando sin inmutarse. Aquella misma noche me resulto muy difícil conciliar el sueño. La memoria me devolvía las huchas del domund, el colegio, el día llamado de la “santa infancia” y a aquel hombre de la calle. Todo ello, mezclado, supe que era el tercer mundo. Que no se trataba solo de la pobreza, la raza o la suerte. Estaba en la cabeza. En las mentes que en algún momento se extraviaron para abandonarse tras ser abandonados por otros. En las sustancias toxicas, las ideas toxicas donde habitan marcianos y lunas desconocidas. Porque no es solo otra dimensión, es otro mundo habitado por seres que están fuera de orbita. Sin techo y con el hambre del recuerdo, el miedo al invierno, la indiferencia por el día siguiente, ávidos de oscuridad y en busca de una luz que se apago para siempre.

Supe que la mujer con bigote y barba fue a un colegio privado. Que en algún momento se desbarato su dique mental y bajo la escalera del averno para entrar en ese tercer mundo, más desolador que el silencio sepulcral de la muerte.

cruzar el estrecho

 

 

La primera vez que cruce el estrecho era tan feliz como lo fui en Lisboa. Existen lugares que tocan todas las fibras personales. Son intransferibles, sentimentales y únicos. El enorme Ferry , poco moderno pero no viejo, se adentraba en tierras africanas. Tánger. Al fin, Tánger. Era para mí la eterna tierra prometida. No pensé ni por un momento en la facilidad. Nadie puso en duda mi pasaporte, mi nacionalidad ni mi persona. Tampoco tuve que esperar en exceso para embarcar. Rellene la pequeña hoja amarilla con letras árabes , se la entregue a la policía marroquí y subí a cubierta. Un viento osado y fuerte me levantaba la melena con descaro. Me dirigía a un país al que había deseado casi indecentemente. Quería estar allí, pisarlo, meterme dentro de los más recónditos lugares. No sabia, entonces, cuanto tiempo me quedaría. Nadie me lo pregunto. Me recibieron los niños del puerto peleando entre ellos por llevarme la maleta. “Un euro, madame”. Llegue al hotel Minzah y el conserje me dijo : “Bienvenida a Marruecos”.
El pasado 19 de Septiembre una patera ha naufragado intentando cruzar el estrecho. Deja más de una veintena de heridos y ocho muertos frente a la isla de Perejil. No llegaban ni a los veintiséis años y prácticamente todos procedían de Nigeria. Entre 300 y 500 subsaharianos esperan en Tánger su turno para la próxima patera. Se esconden de la policía temiendo ser detenidos en Uxda, frontera entre Marruecos y Argelia. Alguno de ellos ha intentado cruzar el estrecho más de doce veces. No tienen miedo a la muerte, pero si pánico a ser deportados. Se amontonan en una infravivienda cercana a la antigua plaza de toros. Conozco bien esa zona. Es la reproducción exacta del Raval de Barcelona, adonde van a parar los marroquíes que llegan aquí en patera. No me sentí incomoda la primera vez que conocí ese barrio de Tanger ni tuve miedo a pasear por sus calles. Ratas, olor a mil orines, miradas que se te clavan en el alma. Hambre, trafiqueo, pobreza y miseria. De aquí para allá y viceversa, tras un largo viaje en el que se juegan la vida buscando un futuro mejor. La mayoría no hablan español. Son despreciados entre los propios inmigrantes (“moromierda”, no nos engañemos, suena peor que “sudaca”) creando una escala social repugnante, como las calles, sucia, baja y marginal.
Muy pocos pueden imaginar siquiera el miedo y la falta de aire al cruzar el estrecho. Yo, miserablemente, lo desconozco, porque lo he cruzado muchas veces pero la mía ha sido una travesía privilegiada. Tanto, que al contemplarlo desde el emblemático café Hafa, sorbiendo el te de menta mientras mordisqueaba pastas de hojaldre y el viento me traía un intenso olor a kifi, contenía por vergüenza un llanto extraño. Quizá la vergüenza de ser una turista empeñada en aparentar otra cosa pasajera. Tal vez la fortuna de tener los ojos negros y un caftan granate , que me permitía caminar sin ser acosada a preguntas y ofrecimientos. No lo se. Pero recuerdo perfectamente una noche en aquel barrio de Tánger. Dormía en casa de Zafia, al lado de la famosa antigua plaza de toros. La noche si es peligrosa. Zafia estaba enferma. Un dolor en el bajo vientre le impedía hablar. Llamamos a Mananah, la vecina bereber. Tenía siete hijos y estaba embarazada del octavo. Salimos a la calle las tres, cogidas del brazo. Yo llevaba un bate de béisbol bajo el caftan. Conseguimos un taxi que nos llevo al hospital. No podía creer lo que estaba viendo. Sangre en el suelo, los médicos sin guantes y con las batas sucias, ningún tipo de asepsia, camillas que chirriaban y algunas sin ruedas. Un gentío esperaba en los pasillos para ser atendido. Me recordó aquellos hospitales de la guerra del Vietnam que tantas veces hemos visto en las películas.
Una bofetada de realidad se instalo de repente en mis dos mejillas. Nunca se ha apartado de mi rostro. No hace mucho, una marroquí recién llegada me pregunto por la dirección de una plaza.
-¿Cuándo has llegado? –le dije.
-Ayer- respondió.
-“Bienvenida a España”. Sonreí.
-Nadie me ha dicho eso todavía.
-Pues no lo olvides nunca. Te gustara Barcelona.
Desapareció por la calle San Rafael. Llevaba unas preciosas babuchas negras y un caftan azul marino. Pensé en su suerte y recordé la mía.

el presidente

el presidente

Impávida, abulica, apática y desigual me dejan las noticias de hoy con respecto a nuestro boss. Dicen así : “Objetivo: Zapatero”, como si le fueran a matar o poco menos que espiar cada uno de nosotros desde nuestros hogares, no ya tan dulces, hogares. Pero no. No se trata de eso.

“Los frentes de oposición al gobierno comienzan a comunicarse entre si para intentar aislar al presidente”. Vamos a ver, lo primero, ya era hora de que la oposición se comunique, bien o mal, pero que se comunique. Pero eso de “aislar” al presidente me suena a estrategia de la camorra. No se le aísla tan fácilmente y si se hace, no se publica. Vamos, digo yo. ¿En serio se creen que lo van a conseguir? Están cometiendo un inmenso error, porque el boss se rodea de lo mejorcito, tiene consejeros (el marido de una ministra, por ejemplo)

y aunque no tenga ni idea de lo que hace y la gracia donde la espalda pierde su casto nombre, a este no le aísla ni san dios bendito, es un cínico, un incapacitado que si le dan un folio partido en cuatro lo toma por un puzzle y así nos va. Tiene apellido de oficio, que es a lo que debería dedicarse, la vanidad en las cejas : arqueada, puntiaguda y ofensiva. Parece un don nadie, siempre lo he dicho, pero se las trae. Y de socialista tiene lo que yo de monja carmelita. Pero hay mas: “La Iglesia, la crisis económica, empresarios y grupos de comunicación contribuyen a la campaña del acoso”. La madre que parió a Panete y al autor del libro de Petete…¿el presidente acosado? Vamos anda …que solo le falta pedir la baja por mobbing…y todos en el mismo saco? La iglesia prepara movilizaciones, pues que se movilice, que de rodillas no se arreglan las cosas y en cualquier caso lo que harán será salir en masa contra el aborto y poco mas. ¿La crisis económica también es responsable de ese supuesto “acoso”? Pero si todavía no hemos dicho casi nada. Que espere a los levantamientos populares, a manifestaciones multitudinarias y a puños en alto pero de los auténticos, no “pajines” a golpe de sueldazo y con futuro garantizado mas guardaespaldas. No trago ni harta de Jumilla. Lo que mas me aterra es la falta de alternativa y las escaseces, el índice de parados, la falta de lo mas elemental para una mínima supervivencia digna. Las empresas que se han visto forzosamente obligadas a echar el cerrojazo y ahora arrastran sus deudas sin ni siquiera paro, ese velo tan y tan tupido que oculta el empleo sumergido, la capa de inmigración que se va o se queda, en cualquier caso igual de necesitada, y una juventud que se siente perdida en su propio país, desatendida, desamparada, desolada. Los medios de comunicación son los mismos que el ha utilizado a su conveniencia y ahora se le va de las manos como se le va el poder, porque no da la talla. Vas a perder, Zapatero, porque nunca supiste estar. Y las victimas de todo ello somos nosotros, muy lejos de tus puños socialistas y puñetas judiciales. España acusa la crisis con mayor dureza, con tensiones permanentes como si de un estado emocional se tratara y no de derecho. Los hechos cantan , los meses aumentan esta terrorífica incertidumbre en la que no se sabe ya nada de nada excepto que nos vamos cayendo y la pendiente es inclinada como los montes malditos. Escalamos el calendario haciendo maravillas para llegar a final de mes y tememos el siguiente. No es una alarma social, es una realidad flagrante. Solo el horizonte alterado por una posible revolución en la que se pierda el miedo a gritar y reivindicar lo que es nuestro puede devolvernos la dignidad robada. Demasiados políticos corruptos, dudas en exceso y carencias por un tubo, justo por donde nunca, nunca, debimos pasar.

la familia

 

 

 

 

 

 

“Ya se que es un tópico, pero de verdad, de verdad…parece mentira”. Me lo ha escrito mi amiga. (Por un momento iba a decir “una amiga”, pero no, se trata de mi mejor amiga, por tanto : MI). Eso me ha dicho al comunicarle la buena nueva. Nunca pensé que sucedería tan pronto. Tampoco demasiado tarde y ni siquiera, sinceramente, que podía suceder. Acaso el trabajo infinito de educar y luchar por dos hijos me dejo exhausta. Ser madre es el trabajo más agotador que existe. También el más gratificante. Intentas por todos los medios (y en ocasiones sin ellos) transmitirles tus valores y tu forma de ver la vida. Pero ellos, como tu, eligen en el momento preciso, cuando tienen uso de razón suficiente y autonomía para salir solos a la calle, marcar un numero de teléfono, escoger la ropa, decidir colores e iniciar lecturas. Se dice que los hijos varones crean menos problemas. No lo se. Los hijos van acompañados, forzosamente, de multitud de problemas. No se puede ser buena madre si no se es buena persona. Se mide con los actos y la línea de conducta. Proceder con los hijos es actuar uno mismo prolongado al futuro, en busca de lo mejor. Intentas que no cometan tus errores y te enseñan como se cometen otros mayores con facilidad. Puede que debido a las distintas generaciones que crean diversas degeneraciones. Otros tiempos. Y es tremendamente cierto: El suyo es otro tiempo, que aunque te corresponda, ya no forma parte de la juventud, no de la tuya. Pensar que tu hijo es tu amigo es un gran e imperdonable error. En cualquier momento nos mienten, esconden algo o no nos dicen la verdad. No es fácil saber en que periodo una no debería hacer mas preguntas, cuando se deja de confiar o cuando se confía. Las parejas se cambian, pero los hijos permanecen, son para toda la vida. No existe “mayoría de edad” en el corazón. Son para siempre. Estarás ahí, pendiente, en espera. Ayudaras aunque te quites el alma por ellos. Rajaras tu propia vida de cuajo cuando te necesiten, no importan sus años, su estado o situación.

No soy ya demasiado joven ni demasiado mayor. Es, supongo, el momento justo. Tengo energía, fuerza, iniciativa, ilusión y paciencia. Toda. Quizá más que cuando ellos eran pequeños. Esta noche he imaginado el momento, y me he sentido afortunada de no tener que estar nueve meses encinta. Mi nuera lo esta haciendo por mi. Tampoco sufriré dolores de parto ni me ingresaran en la clínica. Ese nuevo ser que crece en las entrañas va a ser mi primer nieto. Fui madre muy joven, por tanto, me corresponde ser una abuela joven. Podré contarle mis propios cuentos y leerle poemas. También podré explicarle historias que seguramente comprenderá mejor que mis propios hijos.

Es como una curiosa marcha atrás con forma de segunda oportunidad. Sin prisas, sin agobios, insomnios o madrugones. En resumen : Un chollo. Un chorro de alegría, lo que se entiende por felicidad. Nacerá en pleno invierno.

Me pregunto que siente. Si escucha. Si se mueve ya por dentro buscando la salida. Le espera un mundo complicado. Intentare que lo sepa todo, que escuche, que sienta especialmente, que valore los tesoros cotidianos y que sea una persona diferente. Con esto, falta muy poco para que yo este arriba de todo en la foto familiar. De pronto me doy cuenta de que nunca nos la hemos hecho.

 

ADIOS

 

 

La teoría desde las alturas es un discurso fácil. Se suelta con seguridad y firmeza , puesto que quien lo hace se siente seguro y firme. En las alturas esta la gloria, los hombres ricos y dios, si existe. Estos dos últimos lo tienen prácticamente todo, y desde el todo, en lo alto y divinamente, se vive de puta madre. Los consejos siempre serán sabios, los oyentes intentaran tomar ejemplo, incluso pueden llegar alucinaciones auditivas a modo de música de fondo cuando “el grande” se retira. Se inventan un sufrimiento que no es más que la rutina cotidiana con algunas incomodidades. Hechos que los demás pueden vivir veinte veces al día sin inmutarse, resolviendo asuntos complicados que para los grandes hombres serian situaciones limite. Les llamo grandes porque lo tienen todo, no porque física o moralmente lo sean. El asunto es que últimamente pretenden colocarse al mismo nivel, éticamente hablando, que el resto de los humanos. Y eso es imposible. El lugar en que la cuna, el trabajo, la suerte o la lucha personal han colocado a unos y otros, es muy distinto. Cuando pensamos que la suerte existe caemos en un craso error. La suerte, como las casualidades, no existe. Nada llueve del cielo, ni siquiera la maldad. Y es más fácil ser malo que bueno, porque para lo último hay que hacer un gran esfuerzo que además, en pocas ocasiones será comprendido. Nadie puede salvar al mundo, ni siquiera dios lo hace. Y debería ser un derecho. Debería formar parte de la más elemental justicia. Hemos creado un planeta a partir de la riqueza y del esfuerzo ajeno. Nos preocupamos de la flora y la fauna mientras el hombre flota, divaga, se pierde, se arruina, teme y desespera. Pasamos de largo ante el necesitado más cercano. No nos interesa su estado y huimos de su discurso, porque podría alterar el nuestro o provocar cualquier tipo de situación desagradable, obligándonos a reacciones que no deseamos tener. Estamos, probablemente, dentro de las iglesias durante las fiestas de guardar, pero muy lejos de la realidad del otro. Pensamos que el pobre ha cometido muchos errores sin tener en cuenta nuestros puntos oscuros y nuestros secretos horrores. Voy a revelar el mío.

Presenciar la muerte en directo con agonía incluida es un hecho devastador. Temes el momento preciso, te preparas para la reacción, esperas junto a tu enfermo con la seguridad de que en realidad no puede, no debe suceder.

“Será una muerte muy dulce”, dijo el medico. Y le creí. Pocos días antes, el me había pedido que quitara el crucifijo de la pared y se cago en dios varias veces.

Creo que por pura superstición me pareció espantoso. Cuando se fue, aquel crucifijo permanecía escondido bajo el colchón de mi cama. Recordé que lo había colocado allí y me dispuse a colgarlo de nuevo en la pared. De pronto, sentí que le estaba traicionando. La muerte me había dejado muda durante mucho rato, y hablando sola, pronuncie estas palabras:

-Adiós para siempre.

Salí a la calle. Supe que podía distinguir perfectamente entre el bien y el mal, que creía en los hombres, pero no en dios. Y se lo dije al crucifijo.

tiene fuego?

 

Voy a dejar un incomodo rastro inconfundible. He descubierto prácticamente casi todas las naves quemadas. Cualquier esquina se asemeja al horizonte, pero es falso. Los huesos desasisitidos me sostienen. Soy casi de un alambre quebradizo, moldeable, apuntalado. Un arma sin fuego que amedrenta conciencias sociales. Las tormentas me temen. El agua solidifica sus maneras y adquiere extrañas formas en mi vientre. Una naturaleza conocida insiste en desvariar y se enfrenta al cambio, sobreviene locura, revolotea un elfo debajo de los pies. Cultivo este lenguaje por miedo a los piratas. Guardo alguna reliquia solo por recordarlo. Mientras, alguien me escribe atrocidades con la calma del ojo que todo lo ve. No sabe nada. No siente. Pero augura un infierno temporal que no se mueve. Todo pasaje hecho es inventado. Este país, el nuestro, es un lugar de cardos. De espinas sin su rosa, de puños prodigados en manos de la farsa mas adecuada y triste. Mentiras agrandadas sobre la historia torpe del lacazán que cuenta un día a día oscuro con luces de neón, discurso apocalíptico, estuche para el tiempo. La caja de los truenos es su corbata azul. El patio de su casa una fuente de nervios, baldosas impolutas, resurrección de perros no nacidos aun.

La lengua, la encomienda, el manuscrito. Buenas tardes, señor. Si mira usted mis huellas sabrá que le he insistido. Escuchara de mi que no se ya creerle, y le oigo sin tregua por si el pájaro cede al terrenal asunto de la supervivencia. Daré voces por ti, procurare que tengas. Te llamare mañana. Mañana, carpe diem. Ese puñal de horas que llaman otro día. De todo lo añadido al calendario ni aquella navidad valió la pena. Tenías un gran árbol apuntalado en medio del salón, regalos a sus pies y ausencias memorables con respecto a los tuyos. Se me quedo grabado el cuento de aquella vendedora de fósforos.

DE LO PUBLICO Y LO PRIVADO

 

 

 

 

 

 

“Hay que diferenciar siempre entre lo publico y lo privado”. Esta frase la repetía alguien -muy cercano a mí en su tiempo- varias veces al día. Lo hacia de forma recurrente y obsesiva puesto que era su estandarte vital. No era una persona pública pero se moría por estar en todas partes y salir en la foto. Llegaba incluso a suscribirse a todo tipo de periódicos , revistas y ongs, tras comprobar previamente que alguna firma relevante, famosa o política, se encontraba entre los viejos suscriptores, colaboradores o directores de la publicación. Escribía cartas , pagaba cuotas por estar, figurar y aparentar. Se acercaba con maniobras arteras , incluso surrealistas, para ser invitado a todos los eventos posibles. Llego a inventarse un apellido compuesto que no tenia, añadiendo un guión al segundo y colocando seguidamente el tercer apellido de su madre. En publico era encantador, brillante, ingenioso, incluso divertido en ocasiones. Bebía socialmente y el alcohol le colocaba en discursos políticos acertados, justo a tiempo y muy en su línea. Hablaba de la guerra civil como si hubiera participado en ella, de la mafia como si la hubiera desarticulado y de la eta como si conservara peligrosos secretos. Todo lo que hacia y decía –así se expresaba, textualmente- “era de altísimo nivel y con informaciones confidenciales que no puedo por ahora revelar”.   . El tipo consiguió medrar lentamente a costa de comidas cuyas sobremesas se prolongaban hasta las seis de la tarde, de hacer favores que nunca le pedían, de esforzarse enfermizamente en tener el mismo coche que otro, la casa en la costa, de pagar todas las cenas y todas las copas. No obtuvo especiales amigos pero si una serie de apóstoles mediocres que le seguían en su “carrera” personal en busca del poder. Porque era el poder. Era un hombre que ansiaba, por encima de todo, llegar a una pequeña parcela, por insignificante que fuera, de poder.

Se aseguraba de izquierdas y solidario, inteligente, guapo, elegante, educado y de buena familia. Como nunca se lo dijo nadie, solo el hablaba cansinamente sobre si mismo, siempre con una buena tranca de JB. Para hacerse escuchar repetía una y otra vez la misma frase, pisando el discurso de otro, y para hacerse creer alzaba la voz en exceso, al borde de la ofensa, pero con la habilidad de saber mantener una extraña confusión ajena entre la pasión y la pelea, siempre al borde del puñetazo y rondando la chulería del acomplejado.

Con los años conocí todos sus gestos y estrategias. Sabía que cuando se pasaba las manos alrededor de la cabeza se sentía inseguro, y que cuando salía del lavabo no se había lavado las manos. Supe muchas cosas más que colocarían a cualquiera a la altura del mismísimo betún. Olvidaba, por cierto, que sentía un placer especial ante los limpiabotas, cuando le lustraban los zapatos en los bares mientras se fumaba el puro y bebía el tercer JB.

Era de provincias y no hablaba en exceso de su tierra natal. Sin embargo, cuando en verano volvía a ella, lo hacia como un nuevo rico triunfador. La primera vez que estuve en casa de su madre se me desencajaron las mandíbulas. Lo que el llamaba “de buena familia”, consistía en tirarse pedos a la hora de comer, pelearse por dinero, eructar y beber. Aquella estancia mantenía todo el mal gusto de España concentrado en poco más de noventa metros cuadrados. Muebles catetos, tapicerías imposibles, cuadros esperpénticos y un collage atroz de fotografías familiares. Absolutamente nada que ver con los relatos de una supuesta aristocracia que existía únicamente en su calenturienta imaginación. Y un día conocí a su mujer. Era tan delgada que parecía estar a punto de desaparecer. Sus ojeras violetas y aquel gesto de amargura permanente me llenaron de inquietud. No debía llegar ni a los cuarenta quilos. Nunca sonreía, le miraba con miedo y asentía lánguidamente ante todas las intervenciones dialécticas de su marido. Entendí casi de inmediato que aquel cadáver andando formaba parte de sus mas bajos instintos. Que estaba hecho a su imagen y semejanza. Que ella, sin decir nada, lo revelaba todo. Pero nadie, jamás, pronuncio un solo comentario al respecto.

Me la encontré hace poco en un restaurante. No la reconocía. Estaba radiante, le brillaban los ojos, había engordado y lucia una silueta envidiable. Pasaron quince años pero parecía que ella tenía quince menos.

Semejante transformación no era producto de una clínica, tratamiento o terapia alguna. De inmediato me contó que se había separado hacia mucho.

-¿Te maltrataba, verdad?

-Si –me respondió-. De la forma más maquiavélica y cruel que nadie pueda imaginar. Nunca me puso la mano encima. Siempre me decía que nadie me creería, y que si le abandonaba, seria una ruina social …

 

clima moral del asunto

 

 

 

 

 

 

Es que ni en el colegio las cosas estaban claras. No éramos sinceros, quiero decir. El cotilleo, chisme, dime y direte han dirigido todos los lugares desde

nuestra mas tierna infancia. Las verdades ofenden , acostumbramos a decir.

Y depende, todo depende, como la canción. Grandes y pequeñas comunidades se han “hecho” a base de esos repugnantes elementos. Comentarios por la espalda, mentiras, calumnias, falsos testimonios, envidias. Trepas, pelotas, farsantes. Todo ello, agitado, es el clima moral del asunto. Cuando se habla de un lugar “de ambiente”, de inmediato interpretamos que se trata de un local gay, porque el termino lo deja muy claro. No nos sorprende, sin embargo, el hecho de que un restaurante cambie su tipo de público al mismo tiempo en que cambia de dueño. Es una línea insensible la del estilo, del verdadero estilo. Como la elegancia, se tiene o no se tiene, pero difícilmente se aprende. Nos agrupamos por empatias y afinidades. Nos alejamos por lo contrario. Y estamos donde estamos, en lo que a ocio se refiere, por voluntad propia. El aire, el ambiente, el tipo de personas, los temas a tratar, las músicas elegidas…en resumen, la gente, nuestro pequeño mundo, esta hecho a base de elecciones personales. La rebeldía brilla por su ausencia. Los problemas parece que no existen puesto que raras veces se habla de ellos por pudor. Sabemos que no debemos mostrarnos tal cual estamos y muchas veces tampoco tal como somos. La verdad molesta. De la sinceridad se huye. Y la bondad ofende. Excluimos los tres conceptos en lo cotidiano, salvo contadas excepciones, para no quedar al descubierto, marcados y etiquetados. Sin saberlo, pero queriendo, nos hemos dejado adocenar, aborregar en las grandes masas que este y el pasado siglo alzan con sus nuevas estrategias políticas, religiosas y tecnológicas. Pensar se ha convertido en un riesgo. Analizar supone todo un peligro y reflexionar puede colocarnos al borde de la locura. La generosidad es discutible, la solidaridad se entiende con demasiada facilidad, disfrazándola con lo justo, lo escaso para un “no molesten” metido en la moral que –se supone- acompaña a la ética. Pueden engañarnos de la mejor manera, y en esa actitud cómoda por excelencia, nos creemos distintos en base a nada. Porque pasar de largo ante alguien que necesita ayuda es una putada y quien lo hace es un cabrón. Insensible o no, pudiendo o no ayudar, mirando a los ojos o haciendo un gesto aparentemente amable para salir corriendo. Media humanidad sale corriendo. No debe extrañarnos, pues, la falta de implicación, ideas, complicidad, sensibilidad, justicia o lo que se llama simple y llanamente humanidad. Sabemos que el día del padre y de la madre es un invento del Corte Ingles, que el día del amigo se celebra en Latinoamérica y que las Navidades son fechas para gastar más. El resto del año estamos de rebajas, vejados y bajados sobre nosotros mismos, creídos y crecidos sobre nuestras posesiones, apostados en la condición y con la más impura de las razones. Somos, creyentes o ateos, un atajo de herejes.

Decía que la bondad ofende porque deja al descubierto a quien no lo es. La bondad, como la educación, es un sentimiento .Puede vestirse de buenos días, buenas tardes y buenas noches, pero si no hay más, seremos maleducados, farsantes, egoístas y malignos.

El clima moral de los asuntos se lleva en el corazón. Acaba aflorando y dejándonos en ridículo. Puede que se nos tache de soñadores, idealistas y hasta enfermos mentales. El alma existe. Late dentro de uno con la misma fuerza de cualquier músculo. Físicamente cierto, existente y radiografiable. Como la letra pequeña, hay que ponerse gafas para reconocerla. En su caso, se trata de escuchar un dictado puramente sentimental. De ahí surge el informe personal sobre el todo.