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Consuelo García del Cid Guerra

no pago-no pago : PAGO PAGO

De acuerdo al raído y amarillento ejemplar de National Geographic que tengo entre mis manos, Pago-Pago es una paradisíaca isla situada en latidud 14° 34' Sur,  Longitud 170° 40' Oeste, perteneciente al Archipiélago de la Samoa Americana en el Pacífico Sur.

 

No Pago-No Pago es una isla muchísimo más grande que se localiza entre el Golfo de México y el Océano Pacífico. Algunos de sus habitantes son mucho más golfos que pacíficos, por lo que su ubicación es -por demás- pluscuamperfecta. De hecho, aparece en muchas más revistas que la anterior, pero últimamente más en las financieras que en las turísticas. Muy lejos de Dios y muy cerca de los Estados Unidos, nadie sabría decir a ciencia cierta si pertenece a América Central o a Centroamérica.

 

En Pago-Pago, bellas adolescentes caminan por resplandecientes playas con sus erguidos pechos desafiando la brisa y acompañando el vaivén de sus faldas de palma. Los hombres pescan sólo lo que necesitan para alimentar a sus familias ese día, en la certeza de que el dios que decide las mareas y los nortes volverá de su sueño con cada amanecer fulgurante. Las mujeres mayores reparan redes mientras cantan hermosas canciones que recuerdan el ritmo de las olas azules. Son gentes humildes con sonrisa ineludible que te hace sonreír aún sin quererlo: su sencillez contagia y a la vez conmueve. Tienen poco y nada exigen. Mientras otros rezan, estos paganos-paganos agradecen con una sonrisa la alegría de estrenar un nuevo día. Son como niños, como Dios manda, y por eso Dios permite que se le acerquen.

 

A 9,000 kilómetros de distancia, en línea quebrada, sus contrapartes antípodas hacen uso de mentiras legendarias: desde la última y nos vamos a la bien conocida y archipracticada maña del mañana te pago... por éstas. Usar el nombre de Dios en vano se vale cuando es dinero lo que hay por medio, en una isla enorme que convirtió a un traidor –San Judas- en patrón y devoción para las causas perdidas. Treinta monedas de plata son pocas para una nación que vive a mordiscos y dentelladas y donde cien zopilotes viven de sacarle las tripas a una docena de incautos mirlos blancos.

 

En un país donde quince millones de trabajadores afiliados al IMSS sostienen bajo impuestos draconianos a los otros cien millones de indigentes (el CONSAR lo dice, no yo) la tradición de prometer y no cumplir va haciendo callo. Las tarjetas de crédito hacen estragos; los sablazos llegan –ayudados por la mano y el piano de Elton John- desde el paralelo 37 de la presidencia hasta el amigo pedigüeño de la esquina, aprendiz de franciscano. Del cliente siempre moroso, al barzonista o barzoniano, como quiera que se diga. Del que destapa la coladera por dos pesos, al que pide para el refre por hacer sólo su trabajo. Con la sección amarilla, o la ronda policial. Por un trámite absurdo en la delegación. O por cuidarte el carro. O por cantarte un corrido desafinado. O por una asociación fantasma en pro de lo que se le ponga por delante. O por ponerte el gas. O por evitarte una molestia de cualquier tipo ante un tipejo corrompido por décadas de lo mismo. Depredadores nocturnos desvelados y al acecho con las fauces y los ojos bien abiertos.

 

Hay algunos que nos vemos forzados a pedir prestado superando una vergüenza existencial inmensa. Somos los quiero-y-no-puedo de las deudas. De los que van y dan diez pesos a cuenta de unos miles y están dando mucho más de lo que pueden. Viuditas bíblicas que no saben ni pueden vivir a gusto en el desfalco. Somos los menos.

 

Los más son –además- los más descarados. Tramposos expertos como Donald Trump (pronúnciese "tramp") que convierten sus adefesios en modelos de pasarela y sus fraudes en rascacielos. Pepenadores de cuello blanco como Milken, que venden bonos-basura a especuladores sin futuro. Cabales ciudadanos que manejan cifras billonarias desde Australia. En la Bolsa Sin Valores o en la Central de Abastos. El agua no es para beber sino para regar su prados. Los que cotizan sus pecados en el NASDAQ no atienden razones ni facturas. La mordida más temible sobre la tierra es la del cocodrilo, y los que mandan tus centavos a las Islas Caimán son los de mayores tamaños.

 

 

Pero no nos dejemos engañar por apariencias. El otro noventa por ciento laaaargo de los habitantes de No Pago-No Pago son los que viven el auténtico paraíso: la palabra contribución no figura en su diccionario, se cuelgan de la energía eléctrica del alumbrado público, instalan su changarro en tu estacionamiento o frente a tu comercio establecido desde hace veinte años. Ni en su casa los conocen cuando llegan los requerimientos atrasados de Hacienda. Queman bosques para exigir el Procampo. La única institución en la que creen es el DIF, y eso sólo cuando se acercan elecciones. Son virtuales. No piensan y no existen, sólo gastan recursos del Estado y de su hermano. Atraviesan sus autos destartalados en el centro neurálgico de donde otros intentan llegar a sus trabajos mientras la ciudad consiente, el país tolera y Tláloc observa a todos asombrado con esos ojotes desorbitados.

 

Nunca he estado en Pago-Pago. Lo único que conozco de la Samoa Americana son las pruebas nucleares en los atolones que leí en este ejemplar ajado y, por lo visto, esta bella isla se salvó por los pelos. Ahora es un popular puerto donde hacen escala los cruceros de lujo en los que viajan otros, sin duda más listos y prósperos que nosotros.

 

Hemos logrado hacer de México una enorme isla de promesas incumplidas. Hemos implantado una cultura de la desconfianza donde nos quieren convencer de que el que no transa no avanza. Donde prometer no empobrece y dar es lo que aniquila. Tengo un amigo economista que dice -muy convencido- que los países no se arruinan, sólo aumentan su deuda externa. Sin embargo hay otras clases de ruina imposibles de negociar: la moral, la cultural y la social. Esas son deudas de honor que se pagan con sangre. Cuando se siembran vientos se recogen tempestades. Con frecuencia vemos que islas de ensueño son devastadas por huracanes. Y cuando la cosa se ponga del todo fea, tendremos que arrojar nuestras últimas vírgenes a los volcanes para restablecer el orden del universo.

 

 

Erick Strand

Marzo, 2004!!!!!!

 

adios, CARTIER

adios, CARTIER

Ante semejante nivel de morosidad y plantando cara a la situación, mañana vendo mi Cartier para poder tener efectivo. Es una sensación poco importante y un tanto frívola, desdeluego. Pero jode. No por el reloj, que es sustituíble, sino porque supone una evidencia alarmante: Aquí no paga ni el apuntador. No es un drama, al fin y al cabo, no es más que un Cartier que a mí ya no me marcará las horas ni me hará enloquecer, ni se irá nadie para siempre cuando amanezca otra vez. Eso sí, me queda el recuerdo de quien me reveló algo insospechado. Tengo un imán para lo extraño. Hace tiempo, un hombre de mediana edad y con aspecto de homeless, me pidió un cigarro. Le anticipé que fumo negro, puesto que a mucha gente no le gusta. No importa, me dijo, y se lo dí. Me miró el reloj. "Vaya, lleva un Cartier", dijo. Me incomodó un poco, lo reconozco. Me miró y le sostuve la mirada. Era intensa. Entonces me suelta : "Sabe usted cómo se reconoce la autenticidad de un Cartier". Ni idea, contesté. Y el hombre, ante mi estupefacción, se sacó del bolsillo una lupa. "Creo que casi todos los Cartier son de números romanos, sabe usted. Basta con mirar con la lupa el número 7, en romano VII. Fíjese bien, en el segundo palo del VII, se aprecia perfectamente con la lupa la palabra "Cartier"". Así era. Los ojos se me salían de las órbitas. "Y eso, usted cómo lo sabe?", le pregunté. "Porque he tenido muchos, señorita". No lo dudé. Su gesto y aquel porte extrañamente aristocrático, casi decadente, encerraba una historia. No quise preguntar porque me conozco y hubiera acabado cenando con él, después buscándole trabajo y al final me habría metido en un lío de cojones, como me ha sucedido en demasiadas ocasiones. Pero tampoco me iba a marchar tan pancha ante semejante  revelación que me iba a ser de gran utilidad en el futuro, de modo que me dirigí hacia el estanco más próximo y le compré un cartón de Winston. El hombre se extrañó tanto de semejante regalo que no dejaba de dar las gracias y decirme "Es usted toda una señora". "No, el señor es usted", le dije. Y es que era verdad.

Nunca me he cuestionado en qué gastan los homeless las monedas que consiguen de los viandantes. Hay mucha gente que les reprocha el hecho de que fumen marcas de tabaco caras o que se lo gasten en vino. A mí es que me dá lo mismo, es más, entiendo que beban ante semejante panorama, y si pueden fumar tabaco bueno, mejor que mejor.

Yo al hombre le dí poco. Un pequeño homenaje, nada más. Años más tarde, se presentó en mi casa una amiga mía, alborotada porque su reciente novio le había regalado un Cartier. Me lo enseñaba, triunfante, como si hubiera conocido al más azul de los príncipes. "Un momento", le dije. Y fuí a por una lupa. La palabra "Cartier" no aparecía por ningún lado. Era falso.

-Pepa, mucho me temo que te voy a dar un disgusto. El Cartier es falso, churri.

-Pero qué dices? Cómo coño lo sabes?

-Eso, Pepa, jamás te lo revelaré. Pero te juro que es falso.

Ella cogió el teléfono, como una fiera. "Hijo de puta, pero tú por quién me has tomado regalándome un reloj falso y haciéndomelo pasar por auténtico? eres un mierda, un pringado, vete a vacilarle a otra y no me llames nunca más".

Colgó llorando y dijo : "Encima me pide perdón y me dice que lo compró en Dubai".

-Tienes un problema grande, Pepa. Si mides a tu príncipe azul por los regalos que te hace, vamos mal. Debería importante un bledo si el reloj es o no auténtico, aunque es cierto que el tipo que ha mentido. Pero yo te juro que quien me reveló este pequeño secreto, era un tipo auténtico.

Como mañana lo vendo, he decidido revelarlo aquí y ahora. No he vuelto a ver a aquel hombre. Ojalá no siga en la calle. Ningún reloj es importante. Eso lo sé con absoluta certeza. Me lo compré cuando era rica y ahora no lo soy. Puede que sea posible tener otro. Pero si puedo elegir, preferiría encontrarme de nuevo con aquel hombre, y aunque la cagara, le ayudaría en algo. Seguro.

día siguiente

Respecto a lo inservible su confusión penetra

Con tal desasosiego que el hervor cunde al mayor despropósito

Tiene modos de niebla , casi visión fantasma

Escupe una virtud para dejar sin habla

Es magnético. Cumple.

Celebra sin reparo el funeral del hombre

Muestra la senectud adolescente en paisaje

Se cambia de lugar. Corre pero no viaja

Reza sin sentimiento.

 

noche de reyes

Hubo estrellas que no supe contar

personajes erróneos

caminos llevaderos

Hubo días de fuego mientras cambió la piel

pasaron , invisibles, murciélagos y arañas

hubo alcobas pequeñas con la puerta cerrada.

Lei lo pertinente. Lo prohibido

y también

lo intenté.

MORIR EN LA RED

La primera vez que entré en un foro fue por indicación de una amiga. Como la conozco hace años y comparto con ella mi interés por la literatura, y puesto que dicho foro es únicamente literario, no me lo cuestioné en exceso y entré. Es un foro serio. Lo modera ella misma y en él hay todo tipo de personas. Aún así, de vez en cuando se cuelan personajes con falsas identidades. Yo, novata y gilipollas, no entendía el motivo por el cual la gente no quiere decir quién es. No sabía, entonces, el significado de la palabra “troll”. Entró un tipo que generó un tremendo jaleo. Insultaba a todo el mundo y se cachondeaba de cualquier cosa. Fue expulsado. Mi amiga me contó lo que es un troll y algunas de las movidas que acostumbran a suceder en la red. Que la vida real ya es chunga y en ella hay cabrones sueltos por doquier, es de todos conocido. Que la gente miente, quiere aparentar lo que no es, y hace putadas, mucho más. Pero lo de Internet es un fenómeno sociológico. Cualquiera entra con el nombre que le viene en gana, cuenta una historia, provoca tensiones, descalifica, se caga en lo más sagrado y santas pascuas.

No es fácil acostumbrarse. Las múltiples personalidades, dignas de diván psiquiátrico, abundan en los foros. No importa que se trate de un lugar destinado a la literatura, la política, las recetas de cocina o el crecimiento personal. Los más sinceros, en realidad, son esos en los que se busca pareja. Claro que también “por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo”, porque por un polvo se hacen virguerías. Eso tampoco es una novedad, pero al fin y al cabo, en esos lugares no se cuestiona la cultura ni la ideología, y no se está por crecimiento personal alguno excepto el físico en cuanto a lo referente al arco de triunfo de ambos sexos. Cuando a algunos o algunas, ni siquiera en esos espacios consiguen ligar en condiciones, se largan a foros más elevados, a ver si ahí pillan un marido o por lo menos consecuencias horizontales de nivel.

Yo tengo otra amiga que es absolutamente única y genial. Vierte su vida entera en Internet. Su especialidad es desestabilizar matrimonios, pero con una clara condición: Sólo hombres a partir de 65 años. Cuanto más mayores son, más morbazo le produce.

Consigue casi siempre su propósito. Lo más sorprendente es comprobar cómo estos ancianitos se muestran prácticamente como ángeles de la guarda en el foro correspondiente, y en cambio, al entrar en correo privado con mi amiga, se convierten en maestros del porno virtual. Todo eso en un minuto y a golpe de viagra. Esto, contado, tiene su gracia, si no fuera porque en más de una ocasión, mi amiga ha caído en depresiones serias por esas aventuras cibernéticas que nunca, nunca, llegan a materializarse, porque cuando se lo proponen, ella desaparece. Los ancianitos, desestabilizados y deshidratados, son descubiertos  por sus esposas antes o después, pero nunca pasa nada, porque “no es real”. Mi amiga, que se cree la diosa Lilith, termina atrapada, nunca mejor dicho, en sus propias redes, y lo pasa fatal.

Yo lo que creo es que Internet es una gran escuela de actores a los que el Oscar les queda pequeño. Inventar una identidad no es poco, pero continuar con el personaje durante meses e incluso años, tiene mucho mérito. Los que llegan más lejos son los que se atreven a matarse en directo. Es decir, entran con un nombre falso, inician una historia que puede derivar en enfermedad crónica o muerte repentina. Entonces entra en el foro una viuda y lo cuenta. Y todos dando el pésame como majaderos. En realidad, este tipo de personas son los más genuinos hijos de puta, el verdadero, auténtico y de sangre, hijo de puta matriculado. Una vez me dijo una persona que todos los que trabajaban en el sector del ocio y actividades lúdicas en general, lo que se llama el mundo de la noche, todos, me dijo, eran mala gente. Estuve un año en ese sector y puedo asegurar que no encontré más mala gente, en proporción, de la que se mueve durante el día. Y los peores, sin duda, son los que se mueven por la noche como si no les esperara trabajo alguno al día siguiente, y sin embargo, a pesar de acostarse pasadas las cuatro, a las nueve están en sus despachos. Es como algunos que se mantienen morenos durante todo el año, y no por los rayos uva. Me parecen sospechosos. Cualquiera de esos se mueve por Internet en nombre del conde de Montecristo o de cualquier apellido con el que siempre soñó y al fin se cree que tiene. Morir es una consecuencia natural de la vida. Matarse en Internet en nombre de alguien que jamás ha existido es una hijoputez mayúscula.

JOSÉ LUIS GIMÉNEZ FRONTÍN

Reggio’s Weblog

Giménez-Frontín, un tipo decente, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Publicado en Cultura by reggio en Diciembre 25th, 2008

Leyendo sus memorias recién editadas, esperando comentarlas al calor de una amigable cena durante estas vacaciones de Navidad, se nos ha ido inesperadamente, con su habitual discreción, José Luis Giménez-Frontín, escritor, editor, periodista y agitador cultural. Además, y esto es lo que hoy más me mueve al recordarlo, una gran persona, un espíritu curioso y culto, un hombre generoso, tolerante, sensible y buen amigo de sus innumerables amigos, unas cualidades no fáciles de reunir, más aún entre la fauna intelectual que nos rodea.

Su peripecia vital, la que relata en sus memorias (Los años contados, Bruguera, Barcelona, 2008), muestra su participación en la historia cultural y política barcelonesa de su generación, pero también es un ponderado juicio sobre ella. En realidad, ha sido un testigo excepcional, pues anduvo metido en todas las corrientes y tendencias, conoció de cerca a todos los personajes con algún papel y, sin embargo, no se dejó atrapar por ninguna y por ninguno.

Tuvo siempre un criterio independiente, sereno, distanciado, crítico, racional y escéptico.

Fue todo menos un hombre de fe: prefería las ideas a las creencias. Las ideas siempre pueden ser revisadas y sometidas a cambios, a cambios razonables, uno no se afinca en ellas para toda la vida, son un producto del método de prueba y error, suponen un aprendizaje incesante y continuo. José Luis ejercía este método de forma incansable, con el empuje vital que le caracterizaba desde siempre, los mil intereses que intentaba conciliar a través de sus aficiones, centradas todas ellas alrededor de la literatura, el arte y el pensamiento.

Lo conocí en sus inicios, fuimos compañeros de curso en la facultad de Derecho y, a partir de entonces, estrechos amigos durante una década, la de los sesenta, ahora ya no sé si prodigiosa o nefasta, en todo caso apasionante para los que la vivimos intensamente. Después nuestras diversas orientaciones profesionales nos distanciaron, pero nunca se truncó la amistad y la confianza mutua, encontrarnos y charlar nos producía la misma alegría y complicidad de nuestros años juveniles. Ya en la facultad, Giménez-Frontín se mostró como un líder decidido, un organizador de consensos que le llevaron a ser elegido delegado de los alumnos en aquellos primeros tiempos en que ello implicaba ser objeto de represalias políticas, como así fue. En aquellas épocas se solía ser, y era su caso, claramente demócrata y vagamente marxista. Aunque hubiera podido ser un buen jurista, ya que reunía virtudes para serlo -años más tarde, como explica en las memorias, lo fue circunstancialmente por necesidad, pero le interesó-, le atrajo mucho más su vocación literaria, ciertamente una perspectiva vitalmente más abierta y, sobre todo entonces, más estimulante.

Así pues, se dedicó al mundo editorial, primero en Ediciones de Cultura Popular y después en Kairós. A partir de ahí, quizás por influencia de Pániker, su jefe en esta última editorial, se aventuró en el mundo de la contracultura, con la curiosidad y el escepticismo de siempre. Se dedicó durante unos años a ser un protagonista de las tendencias dominantes en aquella época. Años, sin embargo, bien fructíferos: lecturas incesantes, largas estancias en las universidades de Bristol y Oxford, conocimiento del mundo cultural nacional e internacional. Giménez-Frontín, vital y racionalista, pasó por ello como ha pasado por otras situaciones: observando, reflexionando y aprendiendo, formando el amplio poso cultural que tenía en estos últimos años.

Todo ello le permitió convertirse -a mediados de los ochenta- en un gestor cultural de gran altura, siempre al margen de los poderes públicos. Por un lado, creó la ACEC -Asociación Colegial de Escritores de Catalunya- de la que fue hasta hoy, junto a su esposa, Pilar Brea, el motor principal, hasta el punto de que dicha asociación, que agrupa a más de seiscientos escritores, ha sido conocida en nuestro mundo cultural como “la asociación de Giménez-Frontín”. Por otro lado, desde 1987 hasta 2004, fue el director de la Fundació Caixa Catalunya, con sede en la Pedrera, a la que dio desde sus inicios un enfoque cosmopolita, inhabitual en la Catalunya de hoy, que la ha convertido en un punto de referencia ineludible para la cultura de nuestra ciudad.

Así, las vertientes más características de su personalidad profesional - amplia formación intelectual, sensibilidad artística y dotes de organización-han fructificado en la ACEC y en la fundación, sus dos grandes obras más allá de su estricta condición de escritor. Aunque esta, su condición de escritor, ha sido su más íntima vocación, la que más horas ha ocupado en su vida y en la que ha desempeñado todos los papeles: poeta -ante todo poeta- pero también ensayista, novelista, traductor -del catalán, francés e inglés al castellano-, periodista y memorialista.

Pocas veces he visto a los amigos tan apenados en un entierro. Saludos comedidos al encontrarse, trémulas palabras sobre el amigo que se fue, muestras de sincero afecto a la viuda y al hijo, ojos enrojecidos a la salida, tras los contenidos elogios de quienes tomaron la palabra, la suave música de fondo que acompañó todo el acto, la emoción al escuchar como despedida a Georges Brassens entonando Suplique pour étre enterré a la plage de Sète.Más que a un escritor y a un amigo, allí se estaba despidiendo a un tipo decente.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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JOSE LUIS GIMENEZ FRONTÍN

Me he enterado tarde de tu marcha, amigo. Y siento un amargo sabor de boca que no consigo eliminar ni con el hielo pegado a la coca cola. Me arrepiento de no haberte llamado ni visitado en los últimos años. Recuerdo tu casa de Cadaqués y la de Barcelona. Te he leído casi todo y te he seguido tanto en las librerías como en la prensa.

Ahora me doy cuenta de que tenías quince años más que yo, nunca lo pensé. Gracias por tu hospitalidad, por las veladas en compañía de Mercedes Domínguez, por las fiestas y las tertulias irrepetibles, por esas ganas de ser y de hacer.

Estoy muy triste. Tú, como mi querido Raúl Núñez, formais parte de una época tan dorada como gloriosa, sobre todo porque los dos conseguisteis ser reconocidos como escritores. Yo sigo escribiendo. No he olvidado tus consejos y palabras al respecto, como jamás, José Luis, jamás, te olvidaré.  

Nos veremos cuando suene mi alarma. Y te encontraré, porque sé que los dos iremos a parar al mismo lugar.

http://es.youtube.com/watch?v=nPrM5ETck6E

soy yo

Existe una simiente casi invisible que se presenta de vez en cuando con forma de profeta endiosado y en nombre de dios. Mi infancia y adolescencia estuvo rodeada de esa simiente, que insistía con desesperación en colarse en mi cuerpo y en mi conciencia. Yo no podía o no sabía elegir, pero mi instinto lanzó la voz de alarma. Es comparable a un hecho tremendo que me sucedió en un autobús, tendría yo nueve años, creo. Estaba sentada junto a mi hermano. Un señor con bigote se pegó a mí de forma extraña. Me tocó las rodillas lentamente. Le miré y sonreía. Subía la mano hacia mis muslos y yo coloqué violentamente mi cartera entre las piernas. No sabía nada del sexo, pero sí supe que aquel hombre estaba abusando de mí. Me asusté. Llegué al colegio llorando y se lo conté a las monjas. Su reacción me asustó todavía más. Temían por algo llamado “virginidad” cuyo significado yo desconocía. Con el tiempo aprendí que hay muchas formas de agredir y de violar. Se agrede, sobre todo, a la libertad de pensamiento. La libertad es la apuesta más arriesgada del ser humano. Empieza diciendo NO a todo lo que la mayoría dice SI. Elegí y pensé a partir del miedo. La primera vez que me dieron un beso en la boca, llegué a casa de mi madre temblando de miedo. Me miraba en el espejo del ascensor repitiendo : “Me lo va a notar, me lo va a notar”. Pero no pasó nada.

Cuando hice la primera comunión , era perfectamente consciente de lo que eso significaba. Me habían inculcado la religión a la fuerza  y discurseaban sobre el bien y el mal , cuando yo me daba cuenta de que la realidad era otra cosa. Lo puse en duda. Temí al pecado porque sembraron el pánico en mi mente de un modo casi denunciable.

El día en que comulgué por primera vez, mordí la hostia con todas mis fuerzas. Quería saber si era verdad, y si en aquel momento yo estaba en pecado mortal. Era una cría pero no era imbécil. La mordí, y tampoco pasó nada. Pero sí me pasaba cuando veía que las niñas becadas entraban en el colegio por una puerta distinta, y su hora de patio era otra, y no nos permitían mezclarnos con ellas. También me pasaba cuando escuchaba decir despreciativamente “esa es la hija de una portera”. Me confundieron tanto, que llegué a conclusiones esperpénticas. Creía que del mismo modo en que los hombres estaban obligados a hacer la mili, las mujeres teníamos que ser chachas un tiempo. Nadie me lo dijo, lo deduje yo por el mundo en que vivía y todo lo que me rodeaba.

Un día, durante la comida familiar de los domingos, la adorada tata Feli estaba sirviendo la mesa. Le dije a mi padre : “Cuando me toque, me gustaría que fuera en una casa buena, como ésta”. Mi padre me miró, perplejo, y me explicó que a mí nunca me tocaría y que eso no era así. Que la tata Feli era chacha porque era pobre, no había podido estudiar y no servía para nada más. Lloré mucho. Entendí por qué tenía la peor habitación de la casa, cuya ventana daba al patio interior de las cocinas. Y ese día, exactamente ése día, supe que casi todo era injusto y el resto una gran mentira.

Tomé conciencia cuando pude ser consciente. Y actué en consecuencia. No soy más que una persona que piensa. Una pequeña empresaria y una escritora mediocre. Pero me siento responsable de la palabra, del pensamiento y del mundo en que vivo. Me repugna la doble moral porque es peor que la amoralidad absoluta. Esa simiente de la que hablo está en todas partes. Habla de un dios hecho a medida y adaptado a la conveniencia de sus vidas, casi siempre cómodas. Habla el creyente y practicante que asegura lamentar la pobreza pero en realidad le produce náuseas, la teme, le aterra, pero deja unas monedas en la bandeja de su parroquia. La iglesia no la hizo Dios, la creó el hombre y por eso me la cuestiono. Odio la caridad. Odio a las señoras que creen ayudar a los pobres y se sienten muy por encima de las hijas de las porteras. Odio la intolerancia y la negación de derechos a cualquier ser humano, sea por el color de su piel, nacionalidad o condición sexual. Esa simiente es tóxica. Es el fascismo disfrazado de costumbres, religiones y dioses que no existen. La fuerza superior que nos envuelve tiene otra forma, tiene principios, es humilde, respetuosa, tolerante y humana. Respeto a las prostitutas que venden su cuerpo para mantener a su familia. Pero no a las señoras que buscan un hombre con pasta para solucionar sus vidas. Hay putas que son muy señoras y señoras que son muy putas. Hay señoras que no han tenido un orgasmo en su vida y cuando al fin consigan tenerlo se irán corriendo a urgencias de cualquier hospital. La carne es vida, la vida es temblor, pasión, apuesta, corazón. El amor lo puede todo. Pero hay que sentirlo en toda su magnitud. La generosidad es arrancarte algo de lo tuyo. La caridad es dar algo de lo que te sobra. Soy una persona incorrecta. Tengo una familia y una banda organizada. Tengo amigos auténticos en casi todos los continentes. Tengo teléfonos donde llamar a cualquier hora y yo contesto, también, a cualquier hora. Tengo el don de la palabra y con ella trabajo.Soy yo.

ARCO

Aquel galope atrás sumergiendo las aguas mas barco que hombre

Barco hueco flotando sobre sus propios muertos

De miedo , casi de hambre, chafados por la turba

En busca de escalera y salvavidas. Algunos han contado

Que rezaron sus párpados, y antes que el llanto el miedo

Y anterior al ahogado un solo movimiento

La letra de un bolero agarrándose al mástil

A algún palo de fuego, a la cintura

De aquel desconocido que insistió tanto en tu nombre.

No es sólo lo que cuentan, es la historia del largo

Pasar furioso rogar de alguna paz .Imposible.

El mar traga los actos , los brillantes, los niños

Te tragó de un puñal que cortaba otras carnes

De pronto fuiste más que guarnición y espuma

Al final fuiste un muerto

Para siempre en el fondo del lugar.

fotografía de Rafa Alba

último atardecer del 2008. Fotografía de Javier Pedreño

Atardecer último 2008 
 
Este era el

2009

2009

A los que me aseguraban que no resistiría les concedo el abrazo. A los que profetizaron que sólo los ricos pueden ser empresarios les ofrezco mi colaboración desinteresada. A los amigos que me ayudaron, mi eterno agradecimiento y mi amor incondicional. A los que cayeron por distintas causas les extiendo la mano una vez más. A los que han cerrado sus empresas antes de seguir luchando les abro la puerta de la mía, resistente.

A los trabajadores que apostaron por este lugar alternativo y siguen confiando en mí, a esos, mi gente, decirles que confío en ellos porque sin ellos no soy nadie, que no les he fallado ni les fallaré por duro que sea el camino. No temo al 2009. Es una cuesta arriba como la de los verdaderos escaladores, que son los novios de la muerte. Subiré y aunque me caiga, me levantaré de nuevo. Sé que tengo este pequeño ejército que me sigue, que apuesta y que trabaja. Sé que este año nos hará más fuertes y en consecuencia mejores.

Hacer balance personal de todo un año no es tarea fácil. Destacar lo importante tampoco. Me quedo con la victoria de Obama y su ya famoso: "Sí podemos", y deseo que le dejen vivir. Porque si le dejan, el mundo puede tomar otro camino. Deseo, también, el definitivo triunfo y salto a la fama de ese genio musical que se llama Aaron Lordson. Espero el reconocimiento de la inteligencia y del talento, se encuentre donde se encuentre. La unión hace la fuerza. Y al 2009 no le pido más que fuerza.

crisis

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar 'superado'. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla". (Albert Einstein)

 

MOROSOS

No son impagables, son impagados. Aparecen sin más, sin avisar, con el mismo morro del cerdo. Huelen mal. A algunos ni te los crees, con otros no te queda más remedio.

Esperan al último momento para joderte definitivamente. Saben que no pueden prescindir de tus servicios pero también que no los podrán pagar. Juegan con la cadena de los treinta, sesenta y noventa días, que es una condena. Y aún así , no te pagan.

Si la empresa es grande, te pasean por los distintos departamentos : “Yo no puedo hacer nada, si quiere, hable con contabilidad”. El de contabilidad nunca está. Suena un mensaje de voz donde uno deja su lamento, al principio correcto, sin que se note mucho que te va la vida en ello. No llaman. Dejas pasar unas horas e insistes. Nada. Vuelves a llamar a tu cliente, mire usted, en contabilidad no hay nadie, y tenemos que cobrar. Entonces te dicen que se ocuparán ellos y que le llames al móvil en media hora. Nada. No atiende nadie el maldito móvil. Y empiezas a jugar llamando desde un número que el tipo no conozca, porque la cosa ya huele a podrido y no estamos en Dinamarca.

Al fin, desde el número de una secretaria, te contestan. La respuesta no tiene desperdicio : “Oiga, me están acosando”. Pero ya han ganado veinticuatro horas. Lo peor es cuando coincide en viernes, y casi siempre es viernes. Entonces ganan tiempo hasta el lunes para más de lo mismo, es decir, no pagar. Ahí ya se te han hinchado las narices, y bastante. No van a pagar. Y te enciendes como un delincuente porque estás a punto de delinquir. Hay varios métodos válidos y definitivos. El primero es averiguar si la empresa morosa tiene teléfono de atención al cliente. Y si es uno de esos 900 de llamada gratuíta, mejor que mejor. A llamar. Pero no de cualquier manera, no. Hay que elegir una canción. La mejor de todas es “sufre, mamón, devuélveme a mi chica, o te retorcerás entre polvos pica-pica”. Se pone una y otra vez mientras se llama y llama.

Otra, de modo alternativo, es la de Alaska: “Cómo pudiste hacerme esto a mí, yo que te habría querido hasta el fin, sé que te arrepentirás …”, y dale que dale. Esperas. No tardan mucho en reaccionar : “Por dios, dejen de llamar que me están bloqueando la centralita”. De eso se trata. “VA USTED A PAGARME SI O NO?”. Nunca responden enseguida que sí. Amenazan con denunciarte. Adelante, les dices, nos vemos en el juzgado, que venga el moroso a contar sus historias, no tenemos problema. Y pagan.

Mientras tanto y al tiempo, se han mandado un par de sobres llenos de purpurina, a la empresa morosa. El primero lo abren y se quedan pringados hasta las cejas. La purpurina es un sistema único, porque quedan motitas brillantes hasta tres años después por alguna parte del traje, la nariz o la corbata. Es fundamental mandar dos sobres. El primero lo abren, el segundo ya no porque no tienen cojones. Y pagan.

Obviamente hay otros métodos. Las empresas de cobro de morosos, que se anuncian a bombo y platillo asegurando que no piden nada por adelantado, que no, que ellos cobran un tanto por ciento de lo cobrado, nada más. Sus páginas web casi juran que no hay que adelantar un euro, pero cuando llamas te dicen que la página está “obsoleta” y que para ponerse en marcha tienes que adelantar quinientos euros y además no te garantizan nada.

Fantástico. Ya ni en los profesionales puede uno confiar. En resumen, para cobrar, cuando lo normal resulta escaso,no queda otra que aplicar la psicodelia.

radiografía

Que tu esqueleto en bronce no sólo te sostenga

Ni entrando en los talleres de los lugares blancos

Fuerza en las dos manos y contundentes pies

Respira boca abajo aunque el aire no esté

Inclínate hacia el pozo , pelea con los sapos

Grítate como nunca y aprópiate del eco

Mira hacia atrás la sombra para la nueva forma

Que a partir de mañana será tu nueva imagen

Nada se ha terminado, no eres mudo

Construye tu mecano por difícil que sea

Por duro que resulte

Nada se ha terminado, puedes mucho

Nunca es más de lo mismo, sólo de todo un poco

Golpea tus rodillas y provoca ese brinco

Analiza tu sangre pero no te la creas

Boxea con el tiempo

Ronca al final de un sol que se aparece

Para mirarte, fijo, en esta gran pantalla

Donde todos los hombres bajo la misma luz

Provocamos al mal . Peca si te apetece

Come lo que te guste

Rompe recordatorios y recuérdate, hoy,

Adulto y diferente.

 

 

 

 

cuenta atrás: 48 HORAS para el 2009.

Lunes 29. Faltan dos días para que termine el año y curiosamente uno se agarra con fuerza a las veinticuatro horas restantes de este 2008, sabiendo de antemano que el 2009 va a ser un desastre. El desastre alcanza rápidamente la cumbre más borrascosa que jamás se ha visto en muchos, muchos años.

Esta mañana he acudido a mi empresa tras varios días de fiesta en los que he querido olvidarme de todo. Casi lo he conseguido. Antes de quitarme el abrigo, me informan de que ninguno de nuestros clientes ha pagado. Ni uno. Mails excusándose con argumentos comprensibles, pero insoportables. Las multinacionales reducen plantilla de cien en cien. No hay liquidez. No hay tesorería. Decido visitar mis bancos en espera de paciencia y algo de comprensión. Varios árboles de Navidad con sus luces multicolores me parecen luces de alarma. De pronto me asusta el rojo y sólo ante el semáforo me siento segura, el rojo suyo no miente, los coches, de momento, siguen parados y respetan al peatón. Menos mal.

Entro en mi oficina de La Caixa. La cola es alarmante. Esa nada dulce espera me obliga a escuchar los comentarios de varios clientes. No han cobrado la nómina ni la paga extra. No tienen dinero y los recibos se cargan en la fecha de siempre, por lo que les serán devueltos con el consecuente recargo. Mientras espero, de pié, me llama una amiga, muy asustada. Su marido lleva en la misma empresa treinta años y por primera vez no ha cobrado, y le han dicho que no saben cuándo, puesto que los clientes no les han pagado y en consecuencia no pueden cubrir las nóminas. Más de lo mismo. Me propongo no asustarme. Espero. Al fin llega mi turno y me dicen que no, que no pueden aguantarme más descubierto. Reviento la visa mientras me revientan la vida, no sólo a mí, a mis trabajadores. Dos días. Tengo cuarenta y ocho horas para encontrar una solución que no sé dónde está. Los clientes siguen esperando con la cartilla en la mano, que de pronto me parece la cartilla de racionamiento. Hace mucho frío. Tecleo con los dedos helados. No voy a desesperarme, ya pensaré mañana

lucio el anarquista

 

EL PAIS

"No había más cojones que asaltar bancos, que son los grandes ladrones", dice Lucio Urtubia, el albañil anarquista que propuso falsificar dólares en Cuba para desestabilizar la moneda americana, que preparó secuestros, colaboró en fugas carcelarias, simpatizó con grupos revolucionarios, soportó órdenes internacionales de búsqueda y captura, estafó en cifras millonarias al First National Bank (Citibank) mediante la falsificación masiva de cheques de viaje, para luego invertir ese dinero en causas que él consideraba nobles, ganándose por ello el epíteto de bandido bueno.

La noticia en otros webs

Lucio no luchó contra molinos de viento sino contra gigantes de verdad

"Lucio es un Quijote que no luchó contra molinos de viento, sino contra gigantes de verdad", opina Albert Boadella, acusado en 1977 de injuriar al Ejército por el contenido de la obra La Torna que representaba con Els Joglars, y en cuya espectacular fuga de la cárcel le ayudó Lucio.

Sobre este sorprendente personaje, ahora con 77 años y retirado en París, los cineastas vascos Aitor Arregui y José María Goenaga han realizado un magnífico documental, que se ha estrenado discretamente en un cine del madrileño barrio de Manoteras. De tapadillo, sin publicidad ni promoción, incluso sin críticas, Lucio corre el riesgo de pasar inadvertido. Tiene, eso sí, una nominación a los Premios Goya, y el domingo veremos si los académicos lo han apreciado en lo que vale, aunque en honor a la verdad, tiene Lucio fuertes competidores: la película sobre el productor Elías Querejeta de Fernando Méndez-Leite, los Fados de Carlos Saura y los Invisibles que ha producido Javier Bardem, todos ellos magníficos documentales que han contado con alguna promoción.

Produce vértigo el desequilibrio entre el esfuerzo que han debido de hacer los cineastas y el silencio que cae sobre su obra. Eso mismo le ocurrió a otro documental, El Severo me duele, que fue emitido hace unos meses en televisión a hora tardía, y que ha adquirido nueva actualidad esta semana, mira por dónde. Fue impulsado por el Gran Wyoming y realizado con cierta prisa, para que se viera antes de las últimas elecciones autonómicas. Desvela la conocida injusticia perpetrada a los médicos del servicio de urgencias del hospital de Leganés, ahora por fin esclarecida. Otro documental oportuno, que en este caso puede verse en YouTube. ¿Será ese también el destino de Lucio, las descargas en Internet? ¿No merecen los documentales tener un hueco digno en las carteleras? En cualquier caso, erre que erre, los documentalistas continúan tenaces en su labor. Aún tienen muchos temas por descubrir, y que contarnos. Bienvenidos serán... aunque tengamos que buscarlos con lupa.

 

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Al Ladrón (Libro de poemas)

Al Ladrón (Libro de poemas)

 

 

Al ladrón
Consuelo García del Cid Guerra
ES 7,49 € / RP 9,10 €
74 páginas
Poesía
135 grs.
ISBN 978-84-92410-26-2 

 

http://www.eltallerdelpoeta.com/

 

 

EL GORDO

Este año me han conmovido dos casos concretos. Un tipo que acababa de salir de la cárcel y un inmigrante que vive en un piso patera. A los dos les ha tocado un pastón y el gordo está para eso y para ellos. Esa es la gente que merece el golpe de suerte y la sonrisa de la fortuna.  Nunca serán nuevos ricos porque uno ha sido muy muy pobre y el otro conoce el otro lado, el más oscuro. Hagan lo que hagan, seguro que estará bien hecho, aunque se equivoquen.

Porque hay una cosa clara e insoportable : El españolito de a pié, ese que lleva media vida en el mismo trabajo y no ha terminado de pagar la hipoteca, al que si le toca el gordo lo primero que hace es comprarse un cochazo, luego monta una macro discoteca, se alcoholiza, se separa de la mujer (no lo hizo antes por falta de dinero) y se lía con una adolescente caribeña que le rebana la cuenta además de destrozarle la líbido para los restos, ese, el estable que se vuelve inestable, patético, malhumorado y pendenciero, ese, no sabe cómo gastar ni sabe el valor del dinero.

El gordo, en justicia, debe ser para el inestable, español o bengalí. Para el que no ha tenido suerte o en su defecto muy mala suerte. Esos saben que la pasta no es una juerga permanente, que si les cae, es un regalo del cielo, y que sólo se vive una vez. Agradecerán a los dioses en los que crean esa nueva oportunidad. Yo me alegro sinceramente por ellos.

Conocí a un tipejo lamentable al que le tocó el gordo dos veces. Vivía en una casa horrenda, con techo, pero parecía sin techo. Todo el mal gusto de la nación entera estaba concentrado en ese lugar que era lo más lejano a un hogar y lo más amargo que he paladeado en la vida sin masticar ni comer. Tenía cinco lavabos a cual más ordinario, en uno de ellos, con bañera redonda, y  se dibujaba en los azulejos una sirena azul de cuello corto que dejaba caer un cántaro por donde salía un chorro de agua semejante al manguerazo de los psiquiátricos para calmar a los internos. Este tipo tenía un hijo a su imagen y semejanza que cada día acudía al colegio con diez mil pesetas que se gastaba en sugus y nubes y gusanitos de gominola. Los lanzaba al aire y los compañeritos recogían las chuches del suelo.

La habitación de matrimonio era de un blanco sospechoso y como cabecera colgaba un cuadro horroroso con una pareja cogida de la mano y al fondo ese sol con fuego típico de los pubs oscuros aquellos de los años sesenta donde los casados acudían a meter mano a la amante y los camareros acomodaban a los clientes con linterna.

Los interruptores de la luz , de un verde fosforescente imposible, eran tan sumamente llamativos que no hacía falta encender nada porque uno podía guiarse sólo con ellos.

El tipo se dedicó a presumir, a gastar, a cerrar bares de putas y montar un par de ellos sin éxito. La pasta se acabó y con ella se acabó él. Hoy duerme debajo de un puente y le dá la tabarra a todo el que le quiere oír contando su historia del gordo ... nadie le cree.

Era muy poco simpático sin pasta y con ella fué un verdadero cabrón. Ahora es un desgraciado. Dicen que es mucho más jodido haber tenido mucho y pasar a no tener nada que no haber tenido nunca. Y eso es cierto.

Ojalá que el ex convicto y el inmigrante sepan encontrar un camino mejor. Se lo deseo de todo corazón.