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Consuelo García del Cid Guerra

costa brava

costa brava

 

 

 

Cerrar aquella casa no me supuso esfuerzo

Nunca tuvo valor excepto por los nidos

De pájaros que nunca volaron hacia atrás, como nosotros.

La costa estaba lejos, un día fui, descalza

Era la media tarde de un agosto, no sé,

No importaba el verano.

Más techos que arañas , más tierra que flores

Más sapos que agua , más madera que fuego

Más sábanas que sueño

Enroscada al sabor del dulce último

Buscándome el motivo

La sinrazón. La llave

Algún mechón de pelo. Ya no era tuyo, sabes,

Yo te dije: Ahora vuelvo.

Tú dijiste: No tardes.

No hice la maleta, sólo tiré las piedras

Aquellas que pusiste sobre el nido del pájaro

Supiste que no estaba ,seguro que por eso,

Y que no volvería

Cuando las alas grandes de la madre a sus crías

Te cerraron la casa

La casa, que era mía.

 

fragmento del discurso de JUAN CARLOS MESTRE en el homenaje a Gamoneda . Villafranca del Bierzo. León.

Queridos amigos, vecinos de este amado pueblo de Villafranca, soy el hijo de Emilio el panadero. Conocéis a mi padre, conocisteis a mis abuelos, vivieron en estas calles y como vosotros fueron gente honrada. Este es un pueblo de gente honrada, y la honradez es el primer compromiso que tienen las palabras con las ideas de las cuales son portadoras. No hablo de ejemplaridad, pero sí de la conducta de las palabras en alianza con la imaginación, el arte, la poesía, el mayor placer que el ser humano se ha dado a sí mismo, para decirlo con la misma expresión que compartieron Walt Whitman y Carlos Marx. No tengamos temor a las palabras, a la voz ancestral que pronunció en Galilea el Salmo de los Bienaventurados e inspiró casi dos mil años después la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Vengo de la misma escuela a la que fueron vuestros hijos, jugué de niño con ellos en estas calles, conocí a toda la gente que nos quiso. Poco más hay que saber para darse cuenta de porqué hablaros así ha sido esta mañana mi única posibilidad. Creo en la poesía porque he creído en vosotros, en el desconocido que silba en el bosque y en los campaneros que tocan las campanas en septiembre como si las volteara Mozart. Creo en la poesía de los que no han tenido que leer a Heideger para darse cuenta de cuál es su imprescindible necesidad en épocas de penuria. Creo en los alegres bebedores del atardecer y los giratorios amantes por los cielos de Chagall donde las vacas azules tocan el violín para los que no tuvieron una segunda oportunidad sobre la Tierra.

    Creo en la certeza que asistió a los desaparecidos, las víctimas civiles de la historia que se seguirán levantando de las cunetas para volver a podar las viñas. Creo en ti, Poesía, hojas de hierba, caravana de los titiriteros. Música del hojalatero sobre la partitura del cobre, herreros en la fragua del trueno, silbato del que trae cartas que abrazan a los hermanos y hacen llorar a las madres. Creo en las intensas voces del recuerdo, los que madrugaban para ir a las ferias, el herrador de caballerías, los que siembran colina, la familia de los músicos y los tipógrafos de la plaza. Creo en el retratista de la inexistencia y en el fotógrafo de la nieve. En los alquimistas del vino y quienes sulfatan los cerezos. Sigo creyendo en Norberto Beberide, que tenía una máquina para hablar con los espíritus; en Paco Pérez Caramés, que trataba de usted a las flores y las piedras se apartaban de los caminos para dejarlo pasar. Recuerdo al que discutía en latín con los caballos, al hijo del guardabosques, a los carpinteros, a los que vendían paños para el bautizo y las bodas y el luto. Recuerdo a Basís que explicaba a los muchachos las películas antes de entrar al cine, a Món que estará construyendo catedrales en el Paraíso. Recuerdo a Ninguén cantando como el agua de los ríos y a Gelo Marvá, presidente del senado de los soñadores.

    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:


“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

AURORA

La veo todos los días en el balcón. Es pequeña, frágil y casi un hada. Se inclina hacia atrás sosteniéndose con fuerza en los barrotes de hierro y hace flexiones. Se arquea como un arco. Permanece haciendo esos ejercicios durante media hora y luego mira.Contempla. Mira otra vez, pero nunca abajo. Ella mira arriba o mira al frente.

Tiene pocos vestidos, puede que no más de tres. Lleva zapatillas negras. Se retira muy despacio y su silueta se pierde lentamente. Siempre la veo. Siempre la miro.
Algunas veces, en verano, se sienta en una silla de madera y lee. Un día la saludé con la mano, pero no me vió. Lleva un moño pequeño perfectamente enroscado. Creo que su pelo es gris. No acierto a ver sucara con detalle. La distancia no me lo permite.
Esa ventana se abre sólo por las tardes y permanece abierta no más tarde de las siete y media. Creo que es su hora de cenar, porque luego vuelve.
Hoy no podía dormir. A las cinco y media de la mañana me he levantado y he salido al balcón con un cigarro encendido. Y estaba ella. Me he asustado mucho, porque al principio su imagen se me hacía peligrosa. Por un momento he pensado que quería saltar al vacío. Me he quedado mirándola. Ella miraba arriba. Era la hora justa, y ella lo sabía.
Seguía mirando arriba mientras el cielo despertaba. Y me ha visto. Y me ha saludado, por primera vez, con la mano. Estaba amaneciendo. Ella había salido a la ventana, seguramente a escondidas de las cuidadoras, para ver amanecer. Y ha alzado los brazos como una bailarina y los ha cruzado en el aire. Y me ha mirado otra vez. Yo contemplaba el amanecer y ella también. Esperamos, las dos, la primera luz. No había un alma en la calle. Pero estaba la suya que ha tocado la mía. Ha sonreído. Se ha acercado las manos alrededor de la boca para decirme un secreto a voces, y me ha dicho : "Me llamo Aurora, y todos los días veo amanecer". Y yo le he contestado : "Encantada de conocerla, Aurora. Yo me llamo Consuelo". Se ha retirado de la misma forma en que aparece, como un hada.
 
 PD.Vivo frente a una residencia de ancianos.

HAIDER

Esta mañana he esbozado una sonrisa fea. A primera hora, antes de tomar mi café con leche de todos los días. Esta semana, justo esta semana, hablaba con un amigo austríaco. Estaba dispuesto a abandonar el país si Haider, el líder de extrema derecha Alianza por el futuro de Austria, llegaba al poder, tal y como todos y todo vaticinaban.

En 1999, Haider recibió 27% de la votación en las elecciones nacionales como líder del Partido Libertad. La inclusión subsecuente del partido en el gobierno llevó a meses de sanciones por parte de la Unión Europea por las declaraciones de Haider, las cuales fueron vistas como antisemitas o simpatizantes con las políticas laborales de Adolfo Hitler.
Haider había disminuido desde entonces de manera significativa el tono de su retórica.
Haider y sus partidarios rompieron con el Partido Libertad en el 2005 para formar el nuevo movimiento que buscaba reflejar un giro hacia una relativa moderación.
En particular, Haider quería distanciarse de su pasado derechista, que incluía un comentario en 1991 de que el Tercer Reich tenía "una política de empleo ordenada" y otro en 1995 llamando a los campos de concentración nazis como "los campos de castigo del Nacional Socialismo".
Esta mañana me informan de que Haider ha muerto, y yo he respirado profundamente, con alivio, pensando que una parte del peligro ya no será posible.
A Haider le sobreviven su esposa, dos hijas y su madre, cuyo cumpleaños 90 él y su familia tenían planeado celebrar el fin de semana.
Mi sonrisa sigue siendo fea, muy fea. Pero no consigo borrarla de mi cara.

 

credo

 He creído en la luz hasta cuando no era
 Ni camino ni guía ni salida
 Siquiera.
 He seguido hacia atrás buscando una costilla
 Los agujeros rotos, los sacos de fracaso
 Las quimeras del rato en que todo caía
 Por encima de todo, las lágrimas y el número
 Necesario al instante para recuperar
 Ese lugar pequeño entre la vida
Esa forma privada de apostar.
Me decían : Tú puedes, lo hiciste muchas veces
 Tú puedes ahora y casi lo puedes, ya,
Sube al potro cansado de todo lo imposible
Cárgate en la pistola ese fuego de más
 Cuéntales lo que sabes, lo que engañas, el todo,
 De tí evita ese nombre por detrás del telón
 Háblales sin parar, sigue en tu línea, borra,
 Marca esa carta, otra, por la siguiente. Más.
 Hoy he visto la luz que retirábamos
 Y al sastre del delito que me enseñaste a ver
 Sin mirar el perfil ni preguntar a nadie
Cuando sólo tu y yo entre el mundo y sin sábanas
Cuando sólo eras tú. Cuando te amaba yo.
 Cuando todos los días nos marcaban las horas
 Cuando se acabó el tiempo
Cuando tu brazo enfermo se enredaba en el mío
Cuando te obligué a ser
Cuando me derramaste
Cuando sólo era yo. Cuando tu lengua rota
Cuando nada contaba excepto amanecer
Cuando el efecto muerte se deshizo en el lodo
Cuando me caí yo
Cuando me preguntaban si tú eras mi esposo
Cuando tú asegurabas que yo era tu mujer.
De todo aquello queda una cuartilla breve
Ya sabes, esos papeles gruesos que te dicen adiós
Dos fechas, tu nombre en letras negras, como un himno
Y ese toque de queda , tu memoria, mi vida,
La tuya que fué nuestra sin carne derramada.
Quedó pendiente un vals y el resto, incluso
De una conversación .
Hoy he visto el regreso de los pájaros pegados al calor
A medias el otoño , y aquel gesto
 En tu mano cubriéndote del sol. Sé que has llegado.
Esa íntima luz , inevitable, es mía. Es mía, y la
conozco sólo yo.
>  

AMANTE

Rásgame por la noche atando por estrellas mi garganta
seca dentro el minueto enfermo de la angina
de pecho celestial acobardada. Sube
hasta lo mas sensible de la altura
exacta , pulsada cuerda del ultimo violín
y marca con tus uñas ese nombre prohibido.
Sangre sobre la sangre ese surco escondido
retírate, cobarde,
desertor de casi todos los lugares
hazme la otra, entera, en tus legañas
ahi me encontrarás, hiverno y sudo en tu verano
con forma de residuo
orgánico.

r.i.p.

 

Recórrame la voz y atenúe esta herida de dulce paladar en mi memoria

te contare tal vez la sinrazón del mundo

el claro acontecer y el mas inmenso absurdo

la perdida de tiempo y el tiempo por crecer

canalla. Orgullo. Barquito de papel

que guardo amarillento entre tus paginas

y que recuerdo

de el cada doblez, cada presión, tu dedo

la tarde en que lo hiciste y aquel tiempo

que no tiene sentido.

Ha pasado tu tren, alta velocidad, no sigo

tus palabras ni me importa siquiera donde vives

porque yo no te vivo. Sin embargo

un faro del lugar se ha detenido aquí

esperando mi firma. Te lo digo

sin ti se esta mejor, espero que estés vivo.

gracias, Anabella ¡¡

Una no empieza a darse cuenta de lo grande que es hasta que abre la boca y por sus magníficos ojos  marrones surgen y salpican chispas de verdad, porque dentro de ella sólo hay sinceridad. En cada gesto, en cada movimiento libre y rítmico, su melena, negra azabache que enmarca el rostro, agita al pobre viento que no tiene más remedio que empujarse estupefacto. Nada hay imposible para ella, porque todo lo cubre de generosidad, de entrega, hasta una pequeña hora en la que se da entera sin pedir fuego tan siquiera para su cigarrillo porque a ella le sobra.  Saberte cerca es un regalo, Consuelo. Qué nombre tan bonito.

 

de ERICK STRAND

Los niños jugaban a atrapar la luz. Eran niños grandes que habían vuelto a encontrarse después de un prolongado silencio, después de carencias incontables de caricias, después de tiempos transcurridos tras un beso que sin sospecharlo se les hizo el último. De eso habían pasado muchas lluvias, cuando aún había estaciones.  Ahora estaban de nuevo juntos, deslumbrándose, obsequiándose chispas amarillas y azules y tactos fosforescentes. Se besaban sin cerrar los ojos, sin dejar hablar a las palabras porque querrían decir cosas como mañana, o ayer o te prometo. Palabras que, ambos sabían, se suicidan en la luz hasta extinguirla. Ahora tenían una misión: cuidarla de por vida.

                                                                                                                                                  Erick Strand

orlando salazar martinez

Qué tremenda impostura de caballero andante

El Caribe a la espalda de tanto libro abierto

Constante padre, ejemplo

De danza memorable en todas las caderas,

Salsa picante, copa y carcajada

Viajando a otro lugar donde el tiempo te espera.

Ciudad de más , distinta ola perfecta

Tragado por el agua del océano .Ahogado

Eternamente en los abrazos , todos.

Qué hermoso calor te representa

Título del honor sobre la mesa

Bendecido te duermes

Cien brazas sobre el mar al horizonte

Llora una hija, tiembla una novia

La foto familiar junto al abeto engalanado

Un año más. Te guardo

Camino del lugar que nadie me ha contado

Sé que allí se divierten todos los que se quedan

y una niña con luz intermitente ha dicho: Abuelo

escribiendo tu nombre sobre la arena húmeda

te esperaba hace mucho, y desde lejos

arrastradas las letras, puede leerse : Orlando.

 

CONSEJO

 

 

Música celestial y el palacio de invierno .Una manta de cuadros a tu cuerpo

Sueños de nada, sabes, te lo cuento

Por su tú alguna vez cazas los ciervos que ví transparentados bajo papel de arroz

Eran pequeños. Lo contaba aquel libro que forrabas con miedo a los retales

Un trozo de la flor, no cortes tanto, repetías, que mueren los dibujos

Al canal de tijera como duermen los muertos

Mañana no me esperes porque estaré tarde en un lugar concreto

Donde no entran las madres ni las hijas y tampoco las niñas

Un lugar que te muestro cuando seas mayor y te presente a los desconocidos

Allí te besarán los trapecistas, los magos y los indios, los poetas

Los que escriben paisajes y esculpen alpinistas, los novios

Que se quedan a la puerta de casa, los que pulsan la tecla final del piano negro

Los que saben que el tango es un lamento y todo lo que tú escuchas

Abrazada a tus gatos dormida, casi enferma ,

Odias atardecer como detestas esta

Canción que ya no existe. Cenicienta, cansada por eterna

No me lo digas más, no le des cuerda

Al carrillón del tiempo. Tardas como el verano

Eres un arpa muerta que mira su desmayo, un pañuelo, el ojal

Por donde te miraba tanto el compañero. Señal de los fingidos contubernios

Secreta y vagabunda, reina de los sombreros, todo menos tus ojos

Mirándome, cuando al final me pierdo.

tal vez



Sería Cleopatra si pudiera volver
también sería espía, alcohólica y serpiente
de variadas demencias. Y sería
otra cosa que esto, y la forma de ser
probablemente un libro de modos y conducta
forrado en tu papel. También puede que simple,
estúpida, imparcial, extraña y egoísta
desigual y gitana. Por bailar los volantes
por excitar al mundo con las maestras palmas
desnudos los dos pies marcando con mi sangre
al compás más salvaje la tierra que me toca.
Navaja, nombre y calle
sin colegio ni casa ni templo ni trabajo
como me dió la gana.
Como no pude hacerlo.

un poco ...

Esa flexión forzada a la meseta que tu llamaste alud es una lluvia

de fuerza sin medida como en el hombre un pulso
nudillos apretados a piedras descompuestas.Macho
Hembra.
No solo somos dos la conclusión perfecta
casi no somos nadie cuando se nos genera.
Te recuerdo enseguida si contemplo el cristal
tus dedos dibujando un corazon inútil sobre el vaho
escupiendo el invierno lentamente.Posdata
sueño del estudiante que jamas estudió
para vivir un tiempo. Por el astro insolente
búsqueda de mensajes , rutina, consecuencia
que no tuvo sentido.
No sabes como fué pero se ha ido
lo cuentas de otra forma para entender el sitio
mentiroso de niño. Culpable adolescente. Maldito adulto.

MJT

No sé cuántos días porque el tiempo quedó desordenado. Sí que era distinta, loca, especial y perenne, alguien para no olvidar. No la olvidé.

Madrid, 1974. Su pelo negro y rizado. Reía. Provocaba y transgredía. Vendía crema de manos y cualquier cosa poco útil que tuviera en el armario. Fumaba colillas. Decía muchos tacos y hablaba francés.

Nos emborrachamos dos veces en muy poco tiempo y en un lugar donde el hecho de hacerlo suponía algo muy grave y con

un castigo peligroso. Primavera. Ella dijo que en algún lugar y en cualquier momento de la vida, volveríamos a encontrarnos.

Que no sería demasiado tarde, que no hacían falta direcciones ni teléfonos, porque hay sensaciones que nunca mueren.

Tenía una hermana de nombre Sofía que vivía en París. Treinta y cuatro años después nos hemos vuelto a encontrar.

tú querías ver el mar

y encontraste sólo flores, ay ay ay ay

y encontraste sólo flores, ay ay ay

ay, Dolores ¡¡¡

FELIZ CUMPLEAÑOS, LOLA ¡¡¡

miseria- de Pere Manubens Bertrán


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