Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.

LA MAQUINA DE ESCRIBIR

20080701212927-8maqi-escr-2.jpg

Cada tecla presionada suponía un esfuerzo. El ruído molestaba a los vecinos si escribía de noche, y todo el edificio acabó sabiendo que yo escribía por el inconfundible sonido del teclado.

El carro, pesado y redondo, se movía de izquierda a derecha constantemente. Cada folio, cuidadosamente guardado en una caja de cartón, se agrupaba aumentando grosor. Las copias, hechas con papel carbón, me dejaban los dedos manchados de un negro rotundo. Las hojas, marca "kores", se aprovechaban una y otra vez hasta que no servían para nada. Acostumbraba a guardar esos papeles grabados, letra sobre letra, algo similar al pentimento del pintor. En ellos estaban todos los poemas, todas las historias y todos los secretos.

Tuve una Remington, más tarde una Underwood. Negras, pesadas, elegantes y personales. Le regalé la Remington a mi amigo Jordi Mata, no hace mucho. Supo limpiarla cuidadosamente con petróleo y convertirla en un fetiche para los restos.

Las palabras tenían sonido, un morse particular. Yo conocía la música y los compases rotundos de la palabra "amor", "te quiero", "muerte"...Lo recuerdo, como a las cuartillas  y los ornamentos religiosos. Necesarios, hermosos, y para recordar.

Martes, 01 de Julio de 2008 21:29 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

a
MensajePublicado: Mar Abr 15, 2008 1:07 pm    Título del mensaje: OTROS TEMAS RELACIONADOS Responder citando

Sé que resulta un poco largo, pero si alguien tiene interés en leerlo todo seguido, aquí van los tres capítulos anteriores sobre el mismo tema:

MUJERES Y AMORES DE HILARIO


Estos días ando leyendo las memorias de Lilian Hellman, y hay un párrafo en el libro en el que, al referirse a su larga relación con Dashiel Hammet cuenta que tras la muerte del escritor hubo un tiempo en que le resultaba difícil leer sus novelas o cuentos porque era incapaz de separar la escritura de su compañero con la vida que ella le conocía, por lo que siempre encontraba elementos o referencias que le resultaban especialmente íntimas y dolorosas.
Es curioso, pero a mí me sucede algo parecido con Hilario (me refiero a lo de verle a él en sus canciones, no a la relación amorosa, aunque todo es posible en la vida y nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre). De alguna manera, se puede decir que siempre había escuchado sus canciones “desde fuera”, y aunque supiera que tal o cual tema hacía referencia a cuestiones personales, o manías o pasiones o temores privados, no las había escuchado en directa relación con él, anotando, analizando y relacionando, como empecé a hacer ya va para unos meses. Ahora me pasa un poco como a Lilian Hellman, que no puedo escuchar “Ven aquí”, por ejemplo, sin pensar en el Hilario necesitado de cariño que lo reclamaba a toda relación amistosa que yo le conocí.
A estas alturas me parece claro que quizás sea Hilario uno de los cantautores españoles con una obra más autobiográfico, uno de los que de manera más directa ligó sus canciones y su vida. En ella están perfectamente expresados sus miedos y sus esperanzas, sus pasiones y sus decepciones, su deseo de vivir y su espanto ante la vida. Las canciones de Hilario creo que hablan, fundamentalmente, de él mismo, y tal vez por eso el abanico temático que abarcan sea tan breve, apenas dos o tres cuestiones esenciales a las que da continuamente vueltas y vueltas, matizándolas, variándolas conforme pasa el tiempo, completando unas canciones con otras. Ni que decir tiene que eso no le quita ni un ápice de calidad a su obra, aún dentro de las irregularidades que contiene.
El mundo expresivo de Hilario, y el vital, tienen un fondo común, que es la búsqueda de valores absolutos (felicidad, amor, libertad, serenidad…) y la imposibilidad de conseguirlos. La lucha entre la utopía y la realidad (o la realidad y el deseo, que diría Cernuda). Alrededor de este eje se estructuran la gran mayoría de sus canciones, desde las que tratan directamente de su enfrentamiento con el mundo (“Como todos los días”, “Madrid amanece”, “Táxi” y, sobre todo, esa obra maestra que es “Volar es para pájaros”), entre otras) hasta las que le han dado su toque más característico y la referencia más clara para su público: las canciones de amor.
En estas últimas me gustaría centrarme, porque son las más numerosas, y porque en ellas Hilario explicó sus complejas y a veces contradictoras ideas, sueños y anhelos sobre el amor y las mujeres. Es precisamente esa capacidad para analizar las relaciones amorosas en toda su matizada variedad, desde su propia experiencia, pero extensible a otras personas, lo que aleja a Hilario del tópico del “cantante romántico”, con el que ciertos indocumentados le catalogaron a lo largo de su vida y en las necrológicas. En todo caso, Hilario sería un “indagador de sentimientos”, aunque también fuera un denunciador de realidades.
A lo largo de sus casi 40 años de carrera musical, Hilario escribió muchas canciones de amor, la mayor parte de su obra, tanto con letras propias como ajenas. Todas ellas unidas dan una imagen poliédrica de la personalidad de Hilario en este tema, partiendo de ese hecho esencial en su vida que es la dicotomía sueño-realidad. En estas canciones, Hilario habla casi siempre en primera persona, lo que tiende a acentuar su carácter autobiográfico, y describe y canta a diferentes tipos de mujeres y, por consiguiente, de amores, claramente identificables en sus rasgos fundamentales. Diferentes, sí, auqnue, a mi parecer, no contradictorias, sino complementarias. Hilario, como todo humano, es capaz de desear con singular intensidad una cosa y la contraria, tal vez porque, como nos pasa a todos, con cada una ellas se puede cubrir un hueco distinto de nuestras particulares personalidades, una carencia, un deseo o una pasión perfectamente compatibles en su diferencia.
Aparecen, como digo, diferentes tipos de mujeres en las canciones de Hilario, casi todas ellas dignas de su amor o su deseo, aunque en algunos casos también cante esos momentos dolorosos de la ruptura y las causas que la provocan.
Están, por ejemplo, la mujer-refugio, que ofrece cobijo en los momentos de angustia, la mujer-deseada, que se anhela pero no se llega a conseguir, la mujer-compañera, con la que se comparte la vida entera, o la mujer-contradicción, a la que no se sabe si odiar o amar. También hay mujeres-destructoras, que te machacan la vida como una percanta de Discépolo, e incluso, es el colmo, mujeres-felices, con las que realiza un amor pleno y explosivo (como nota al margen, resulta curioso que en las notas que he tomado la mayoría de las canciones que he anotado en esta categoría estén en el disco “no cambies por nada”, 2003). Pero las dos categorías que más abundan, o al menos, las dos para las que yo he encontrado más títulos son la mujer-imposible y la mujer-ilusión. Quizás sea significativo.
El propósito de estas notas sería ver como aborda Hilario estos diferentes tipos de mujeres, y a través de ellas que concepto tenía del amor y cómo lo dejó reflejado en sus canciones. Me temo que me llevará tiempo, e incluso no sé si será muy interesante ni si llegaré a acabarlo, así que me pondré a hacerlo e intentaré ir colgándolo aquí en algo así como capítulos.



MUJER REFUGIO

Debajo de ese Hilario de camisas coloristas, bromas y jolgorio, pelos rizados, lacados o tintados y simpatía arrolladora, a veces aparecía el niño desprotegido, inseguro y temeroso que era en el fondo de sí mismo, al menos una de esas partes de la personalidad que cada uno tenemos, y lo dejaba plasmado en algunas hermosas canciones.
El tema aparece pronto en su obra, en 1973, en “A pesar de todo” y en esa canción titulada “Ven aquí” que el compañero Guillermo acaba de cantarnos en un vídeo. Paradójicamente, ese primer Hilario desprotegido que se confiesa en este tema inicial se presenta no como el receptor de la protección, sino como el donante. Es él quien se ofrece como refugio a otra persona, en un contexto, no de amor, que eso llegaría luego, sino de amistad.
En realidad, la canción es ambigua, pues sólo la utilización en masculino de la palabra “aprisionado” nos indica que se dirige a otro hombre en un contexto de amistad: Pese a todo, estas dos circunstancias no difuminan el mensaje de la canción, esa necesidad de refugio que las personas tenemos cuando ya no podemos aguantar:


Si ves que todo va mal
Y sientes que algo se apaga
dentro de ti;
que el dolor te tiene
“aprisionado”
y la angustia no te deja ni llorar

cobija tu pena en mi hombre
una vez más....

El tema lo retoma en su siguiente disco (“De paso”, 1975), ya en el contexto amoroso, en “Testimonio”, en la que tras definir al objeto de su amor como “mujer fuerte”, “mujer árbol, manantial”, reconoce la protección que le ofrece como característica básica de la relación:


En su profunda gruta
No existe el tiempo.
En su profunda gruta
No existe el dolor terrible de la música.
No existe esa angustia impalpable
De llorar boca abajo
….

Y aún hay otras variaciones del Hilario que busca en la mujer amada no sólo un objeto de deseo, o una compañera con quien compartir la vida, sino, ante todo, alguien ante quien esa dolorida persona que era nuestro amigo pueda romperse como un niño, que asustado ante las fantasmales sombras que en la noche hace el árbol de la calle en su ventana corre a la cama de su madre y se acurruca en sus brazos:

Puedo apoyarme sobre ti
Si estoy cansado,
Quedarme a tu lado
Sin hablar.

Puedo confiarte en ti
Mientras te cuento
Secretos sentimientos
Que hay en mí…

(“Nube de arena”, 1981)

Y más adelante, Hilario se encarga de contar en la misma canción que esa mujer ante la que se siente tan libre y descansado no es su “amor”, sino “algo diferente”, “un desierto en pleno mar”.

Sin embargo, la composición en la que esa faceta de persona necesitada del refugio y la protección que le puede ofrecer la mujer de la que se enamora está más clara es en “María”, esa obra maestra que grabó en 1976 en “La estrella del Alba”.

Al igual que en otras canciones suyas (“Como todos los días”, “Taxi”, “Dolores, dolores”, “Madrid amanece”…), Hilario comienza “María” con una referencia espacio-temporal y establece con ello un principio de realidad:

Amanece y en mi cuarto
Hablo de la oscuridad
Pienso en ella y necesito
Compartir mi soledad.

Luego cuenta lo que le diría o haría a la amada en el caso de tenerla delante, rememorando la aventura que ya han vivido y que, indefectiblemente, ha acabado mal:

Y sin pensar nada más partí
Hacia un largo viaje sin final
Y en aquella entrega me perdí.

Tras establecer que la historia ha acabado lamenta lo que pudo haber sido y no fue y explica el desamparo en que se ha quedado, la desprotección, en definitiva en la que vive sin la mujer-refugio que necesita frente a ese mundo que se le presenta hostil:

Sin ella me encuentro solo
En medio de una calle oscura
Sin ella la noche es larga
Noche azul, noche sin luna

Para acabar expresando su deseo más profundo: refugio y reposo.

Ven, María, que quiero
Anidar en tu blanco pecho (refugio)
Y besar esos ojos que inundan
Mi cuerpo de claridad. (reposo)


Intervención de Tienes la llave

Llevo tantos años escuchando estas canciones, y alguna de ellas han dejado una huella muy especial en mi y en las que he podido
reflexionar sobre su significado en las distintas etapas o edades de mi vida, que ya son muchas.
"Maria " es una de ellas,por motivos que no viene a cuento la letra de esta canción está como anclada en mi.

cuentas que " Hilario comienza “María” con una referencia espacio-temporal y establece con ello un principio de realidad:

Amanece y en mi cuarto
Hablo de la oscuridad
Pienso en ella y necesito
Compartir mi soledad. "
"Luego cuenta lo que le diría o haría a la amada en el caso de tenerla delante, rememorando la aventura que ya han vivido y que, indefectiblemente, ha acabado mal:

Y sin pensar nada más partí
Hacia un largo viaje sin final
Y en aquella entrega me perdí. "

Para mi este trozo de la canción ha significado siempre la definición del momento del encuentro.
Me explico: comienza la canción hablando de su soledad y la nostalgia de haber perdido o simplemente no tener a
su amada con él,y como si estuviera con un amigo le cuenta cómo es Maria y qué ha compartido con ella:

Te hablaré de sus ojos
de ámbar gris,
de su pelo negro y de su piel
de como en sus labios yo encontré
el tibio sabor de la mujer.

Para pasar al momento en que la tuvo en sus brazos, el momento del encuentro amoroso:

Con caricias y en silencio
suavemente me mostró
un lugar donde habitar
compartiendo entre los dos

La luna bañó su cuerpo
de coral...

Y para mi estas estrofas siempre han significado la entrega,la comunión entre dos cuerpos,la fusión hasta perderse en el deseo:

y sin pensar nada mas partí
hacia un largo viaje sin final
y en aquella entrega me perdí

Siempre ha sido en mi modo de entender, la descripción más profunda del momento de la entrega de un hombre a su amada.
Quizás concebí este criterio con los 18 años en que hizo mella esta canción y no he sido capaz de romper ese sentido tan romántico,yo
no conozco los motivos de Hilario cuando compuso esa canción,solo puedo juzgarla desde lo que me provocó y lo que compartí,
nada más.

Desde luego es evidente lo que despues apuntas:

"Tras establecer que la historia ha acabado lamenta lo que pudo haber sido y
no fue y explica el desamparo en que se ha quedado, la desprotección, en definitiva en la que vive sin la mujer-refugio que
necesita frente a ese mundo que se le presenta hostil..."

Pero, para mi siempre ha sido como quien tiene que separarse por las circunstancias y la distancia le rompe,dejando una esperanza
para el nuevo encuentro:

Ven, María, que quiero
Anidar en tu blanco pecho
Y besar esos ojos que inundan
Mi cuerpo de claridad.


En fin no se si he sabido explicarme,pero me has tocado la fibra.
Mi expresión es puramente sentimental, no experta ni con causa de conocimiento,es simplemente un ejemplo de cómo hay canciones y
cantantes que calan hasta lo más profundo de nuestro ser y forman parte de nuestras vivencias;Hilario quedo anclado en las mias.

Bueno quizás no debería meterme en estos terrenos porque los sentimientos a veces no pueden identificarse con las palabras.


Plomez


Interesante la interpretación que haces de "María", Tienes la Llave. Además, perfectamente plausible, aunque creo que no resulta contradictoria con la que yo le doy, que es distinta. Pero eso es lo que tienen las obras de arte, que permiten numerosas lecturas, no sólo por la propia ambiguedad que pueda tener un texto, sino porque, por esencia, la poesía es un lenguaje ambivalente, en donde la metáfora intenta explicar cosas intangibles que se abran a mil posibilidades de comprensión. Además, claro está, en la comprensión de cualquier obra tiene una parte fundamental el lector, oyente o espectador, que necesariamente aporta a la obra del artista su propia experiencia y sus ideas o sentimientos personales, que son los que dan ese fenómeno único de identificación entre el creador y el receptor (que si lo es de verdad, tambíen crea).

"y sin pensar nada mas partí
hacia un largo viaje sin final
y en aquella entrega me perdí"

Efectivamente, estos versos --que son el nudo de la canción, porque anteriormente está el planteamiento (la soledad y el recuerdo), y acaba con esa conclusión del amor como refugio, sin el cual no se puede vivir-- podrían tener perfectamene un sentido doble.

"y sin pensar nada mas partí
hacia un largo viaje sin final"

¿Expresan estos dos versos el momento de la entrega en la pasión amorosa, el sumergirse en ese momento de valores absolutos que es el amor y su realización? Ciertamente que puden serlo, pero también se abre la posibilidad que yo indicaba, la del comienzo de una relación. El tercer verso puede ser interpretado también en ambos sentidos

"y en aquella entrega me perdí"

Las personas nos "perdemos" en el momento de la entrega amorosa, ciertamente. Ese perdernos implica olvidarnos de todo lo que es ajeno a ese instante, a esa felicidad tan difícil de explicar. Perderse en la culminación del amor es volverse niño, quedarse indefenso, perder todo pudor. En definitiva, olvidarse del mundo. Y este era, como ya sabemos, una constante en la obra y la vida de Hilario.

Claro, que, de acuerdo con mi interpretación (que insisto que no me parece contradictoria), perderse en ese "largo viaje sin final" en el que se ha metido de cabeza, "sin pensar nada", puede ser también desorientarse en la relación, no saber que hacer ni como reaccionar ni hacia dónde ir, y, como consecuencia de ello perder la oportunidad de ser feliz.

En fin, que me parecen sumamente estas discusiones, que, por otro lado demuestran que aún quedarían muchas cosas de Hilario sobre las que hablar, si tuviéramos entusiasmo y fuerzas para ello.

Por ejemplo, a mi se me ocurre otro tema que me parecería interesante. Hilario escribió muchas de sus letras, pero otras se las hicieron (casi siempre con su presencia como inductor del tema o corrector de lo que el autor respectivo iba escribiendo) diferentes personas, con las que en ocasiones repitió. Yo me pregunto ¿hay diferencias notables entre las letras propias y las que le escribieron otros autores? ¿entre estas últimas hay constantes literarias o temáticas según los distintos escritores? ¿Se pueden hacer distinciones según quien haya escrito las letras?
Otro tema sería parecido pero en clave musical ¿como influyeron sobre Hilario los distintos músicos que le acompañaron en distintas etapas?
En fin, que cualquier que quiera ponerse al tema puede hacerlo.
Yo, de momento, con lo de las mujeres tengo suficiente, que a Hilario eso de las mujeres se le daba bien y les escribió un montón de canciones para ver si se las camelaba. No nos enañemos, lo que los artistas pretenden con su arte es ligar. Si además se hacen millonarios, cojonudo, porque eso les ayuda a ligar más. ¿dejaran los artistas por su arte de ser personas que ven "Salsa Rosa?




MUJERES SOÑADAS


En su vida real, cotidiana, el sueño y la fantasía constituían el mundo irreal pero plausible en el que a Hilario le hubiera gustado habitar, el paraíso perdido a veces, la felicidad presentida en muchas ocasiones, la utopía en definitiva, que hacía tolerable con su sola existencia ese otro mundo más sórdido, contradictorio y doloroso de la realidad. Y si eso era así en la faceta más social de su vida y su obra, también lo era en la más personal, la amorosa. Ese deseo de perfección que marca la utopía y el sueño amorosos no podía dejar de quedar reflejado en sus canciones, en las que abundan las referencias a esa mujer ideal, soñada, deseada, que él sabe que no es sino el fruto de su imaginación pero a la que no renuncia a darle carta de naturaleza física, real y tangible a través del deseo.

Hilario se dirige a esa mujer ideal “desde los sueños extraños / que recuerdo y no describo”, dice en “Te escribo” (2004), “desde el mundo en blanco y negro / en el que pienso en que vivo”, un mundo pues de sueños que, como siempre en Hilario no deja de tener esos apuntes descriptivos que enmarcar la acción en un lugar y un momento: “desde mi habitación / sentado en un lecho vacío / te escribo mientas espero / mientras espero te escribo”, para rematar el estribillo contraponiendo ambos ámbitos: “te espero mientras te sueño / mientras te sueño te escribo”. La ambigüedad proverbial de Hilario, su resistencia a las definiciones unívocas y a las lecturas únicas de sus canciones juegan en este tema con la realidad y la ensoñación como modelo amoroso que ya estaba presente en alguna de sus composiciones anteriores: “Tu serás princesa de mi cuento, / compañera de mi vida real” (“Princesa de cera”, 1975).

A veces, como en “Sin decir adiós” (1986), la mujer que se apoderaba de los sueños de Hilario con tal intensidad que merecía pasar a una canción era también el recuerdo añorado de la adolescencia, la remembranza de lo que pudo haber sido y no fue, que es condición, como bien se sabe, de la perfección amorosa, aunque irrealizada. Siempre queda la duda permanente e insoluble de saber si aquel amor inocente y primerizo de “dos niños escondidos, tu y yo en aquel portal” hubiera podido ser el amor total y completo tan difícil de encontrar en los seres de carne y hueso: “Unidos en el sueño/ por la bola de cristal/ nuestros labios se saludan / otra vez en el portal”.

Y puesto a soñar un amor imaginario, esa mujer ideal que siempre espera a la vuelta de cualquier sueño, ¿por qué no imaginar también el decorado en el que se desarrollará el amor, como hace en “Arquitecto de sueños” (1986)?: “Construí una casa azul junto al lago”, comienza diciendo, para que a nadie se le escape que la ilusión es tangible, tiene formas, colores y olores, aunque sea “sobre el papel” donde pinta las “siete ventanas /siete azules ojos/ de cristal/ y dejé después/ la puerta abierta /invitando siempre a entrar”. Pese a haber levantado con palabras ese paisaje ideal, ese jardín del Edén con “claveles, rosas y violetas” en el que “las guitarras daban al lugar / el color alegre de una fiesta”, no ha de ser sino hasta que se duerma “pensando en ella” cuando esa mujer ideal llegue por fin al sueño y se instale en la vida del cantante, aunque solo sea en ese momento de la inconsciencia, el más feliz pese a todo, porque con la mañana llega el desencanto: “Tus palabras eran / como un cascabel / que triste sonaba / cuando desperté”. Sin embargo, siempre con los pies en la tierra, pese a todo, Hilario sabía que hay que conformarse con los sueños, pues aunque intangibles, también formar parte de la realidad, y porque, al fin y a al cabo, “a un sueño ¿qué más / se le puede pedir?”

Hilario, nuestro querido, inocente, amistoso, simpático, reidor y chistoso amigo era también un pájaro de cuenta, y detrás de la cara de adolescente despistado que tuvo la mayor parte de su vida, incluso en sus últimos años, se encontraba un ser ligeramente distinto, capaz de convertir la imagen erótica de una revista en una fuente de placer solitario. Ese es el amor perfecto, el que no provoca contradicciones, ni discusiones ni desamparos, nos viene a decir en la canción que escribió con Carlos Villanueva y que grabó en “Subir, Subir” (1986)


CHICA DE PAPEL

En las revistas
siempre prometes placer,
tu cuerpo irresistible
con mi foto he de atrapar.

Luces perfecta
en la niebla artificial,
mi cámara aturdida
se dispara hacia tu piel.

He olvidado la portada en el sofá,
con mis manos te retrato en realidad.

Chica de papel
hoy no eres un sueño,
el tacto de tu piel
vibra entre mis dedos.

Chica de papel
sales de tu escena
y tu amor me quema

Y quedaté
Un poco más
Cerca de mí
Cerca de mí
Cerca de mí

En tu teatro
sólo fui espectador,
olvido mi butaca
y me subo a la función.

Pruebo tus labios
y me dejo acariciar,
el fuego tan intenso
que nadie lo ha de apagar

Esta foto nunca revelaré,
nuestros cuerpos necesitan ensayar

Chica de papel
Miércoles, 09 de Julio de 2008 16:26 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema


cartas amarillas

Famoso Cantante Español Que Murio Muy Joven en Un ACCIDENTE AUTOMIVILISTICO EN 1973 ESTA FUE SU GRAN VOZ.

© 2008 YouTube, LLC

Viernes, 11 de Julio de 2008 22:33 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

LYS

 

Las violetas, el trueno, los tres sobres

Cerrados bajo el hueco del bostezo, las

Palabras siguientes al sepelio

Despídete de mi, no queda tiempo

Un tren de cercanías me llevara muy lejos

Te dejaré el incienso hecho cenizas, te

Diré que te vayas si me quedo

Engañaré a un avión y volaré sin él

Resistiré sin tí allí donde me lleve

La estrella de tu mar , la voz de oriente

Escribiré despacio mientras grita

La gente

Me arderán las tres piernas, tu

Sonrisa indolente, las promesas, el verbo

Abandonar, yo

Te dejo.

 

Para Lys Ll. A., que decidió quitarse de en medio hace ya cuatro años, después de anunciar su suicidio hasta la saciedad.Maravillosa persona, superviviente, alcohólica, drogadicta,bulímica,con todo tipo de transtornos que, a pesar de todo, la hacían especialmente buena, porque era buena como pocas.

Vivió como pudo, murió como quiso.Su libro favorito, "las lágrimas de Eros", lo dejé en Colliure, sobre la tumba de Antonio Machado.Sé que le habría gustado.

 

Lunes, 14 de Julio de 2008 13:46 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

LA TRADUCTORA

 

Veronique vivía en un piso de la parte alta, aparentemente una buena zona. Todo en ella era aparente. Todo. El ático , atiborrado de muebles viejos, que no antiguos, con pretensiones de algo que fue pero que no le perteneció a ella, seguramente heredado de su madre. Espejos de grandes dimensiones con marcos dorados donde ya no se reflejaba nadie, porque estaban ahumados, como si hubieran pasado por un incendio. Sofás cubiertos de telas raídas que ocultaban una tapicería azul, cortinas de flores en colores pastel, como lo que ella pretendía ser, un gran pastel de frutas fuera de temporada, exageradamente dulzón, reconstruído tras las huellas de los dedos de media docena de niños. Si existieran las tartas de segunda mano, por imposible que parezca, Veronique las compraría para ofrecerlas a sus “amigos” en una de las reuniones que ella acostumbraba a llamar “petit comité”, donde una pierna de cordero asada quedaba en el suelo por falta de mesa, y una botella de licor de guindas acompañaba al plato más absurdo. Veronique era absurda, egoísta, quiero y no puedo, presumida, altanera, traductora y francesa. Esto último lo recordaba siempre: “Soy francesa”, una y otra vez, viniera o no a cuento.

Su edad era un misterio y era a la vez su drama. Nunca decía la verdad, y celebraba los cumpleaños sin revelar jamás cuántos cumplía. Tenía pánico a envejecer y a pesar de su paso por el quirófano seguía pareciendo vieja, patética por los liftings, que ya no servían de nada, puesto que la piel parecía papel de fumar a punto de reventar. La última operación, en la que se puso el pecho tieso, la dejó como una momia ridícula: Unos senos de chica de veinte años pegados en el cuerpo de una anciana. Todo en ella era falso, de plástico, artificial, de mentira. Se arreglaba por fuera pero su interior no tenía remedio. Pactaba con su cirujano plástico el pago a plazos de cada intervención, y siempre estaba  soltando dinero, pequeñas cantidades mensuales por la última operación, mientras preparaba la siguiente. Cara, cuello, pechos, culo, brazos, liposucciones, manos …si se hubiera quemado a lo bonzo le saldría más barato.

Su “Centro Internacional de Traducciones Europeas” era una habitación de veinte metros cuadrados situada al lado de su habitación, en el ático, donde vivían dos gatos siameses de más de doce años cada uno y con cataratas. Los gatos “Titi” y “Mimi”, estaban siempre sentados en el sillón de Veronique, a derecha e izquierda, durmiendo plácidamente. Bajo la mesa, una urna con las cenizas de su madre. La imagen de la traductora con los dos gatos y las cenizas de la difunta mientras gritaba por teléfono a alguno de “sus traductores”, era digna de la España profunda ó del París de su Francia, según se mire. Porque Veronique acostumbraba a no pagar a los traductores. Se embolsaba la pasta de los clientes y al mínimo error no pagaba. Su paso por los Juzgados por denuncias de reclamación de cantidad estaban a la orden del día. Buscaba testigos falsos y  abogados siempre distintos porque terminaban hasta las narices de ella puesto que racaneaba honorarios. Veronique lo racaneaba todo excepto sus operaciones.

Su casa era un nido de polvo, de pelos de gato y de grandes armarios donde se amontonaba su ilimitado guardarropa. También la ropa la compraba a plazos en la boutique de al lado. Vestida de Armani, con las uñas sucias y apestando a perfumes franceses que se mezclaban con aroma felino. Veronique era una gata de uñas negras.

Acostumbraba a tener servicio, pero nunca fijo. Sobre todo para el planchado. La plancha era casi un ritual para ella, y entonces se organizaba todo un espectáculo de calor y vapores mezclado con legañas de gato, ácaros, zapatos con olor a pies, pestazo a coliflor hervida y carne picada, que comía tanto ella como los dos siameses.

“Yo soy una dama”, acostumbraba a repetir mientras maldecía ó escupía a su último amante. Porque Veronique coleccionaba hombres muy determinados. Guapos, más jóvenes que ella, extranjeros y pobres. Los seleccionaba, se los llevaba a su casa y en menos de dos años todos la dejaban, por pobres que fueran. Vivir con Veronique era para darse a la droga dura, aunque ella no soportaba las drogas. No tenía problema con el alcohol, incluso se emborrachaba de vez en cuando, y su concepto de “drogas” no incluía el vino ni la ginebra.

Su último amante, Max, un tiarrón americano que había combatido en Vietnam, era alcohólico. Aprendió a hacer ensalada de flores en la isla de Wang, cosa de la que presumía Veronique en su “petit comité”.

Su forma de atrapar a los hombres siempre era la misma: Se los llevaba a casa, les daba trabajo como traductores, montadores o pintores, ella se quedaba con todo el dinero y no les daba ni para tabaco. Max traducía del inglés y era muy rápido y hábil en las simultáneas. Alto, corpulento, de ojos azules. Un hippie redomado que no encajaba en la vida de la dama traductora. Se pasaba el día encerrado en la habitación de la entrada con el ordenador, entrando en páginas porno y llamando a teléfonos eróticos.

Veronique insistía en “domesticarlo”. Le compró trajes y corbatas. Se lo llevaba a congresos y convenciones. Durante la clausura de un seminario y a la hora de la comida, rodeados de médicos e ingenieros, sirvieron un solomillo. Max no lo pensó dos veces, le pidió ket.chup al camarero , abrió el panecillo por la mitad y puso el solomillo. Los comensales le miraban muertos de risa. Veronique se quería morir. “Yo soy una dama”, repetía. De vuelta a casa, gritaba como una bruja y le insultaba: “Borracho, desgraciado, yo que te recogí de la puta calle, cómo te atreves a ponerme en ridículo de esa manera”.

-La ridícula eres tú, Veronique, vieja chiflada, no me faltes al respeto –respondía él-.

Ella pasaba del grito histérico al aullido de loca : “ ohhhhhh, mis gatitos, Titiiiiii, Mimiiiiiiiiiiiiiiii ….”. Max la miraba con cara de espanto y se encerraba en el zulo de la entrada mientras encendía el ordenador.

Veronique seguía gritando por los pasillos, continuaba insultándole: “Borracho, el día menos pensado te echo de aquí y veremos lo que haces, no tienes donde caerte muerto”.

Max se ponía los cascos para escuchar a Sinatra y ella seguía gritando y repitiendo: “Soy una dama”.

El bueno de Max terminaba dormido en el suelo, sí, en el suelo, cualquier cosa antes que dormir con ella. Nunca tenía dinero encima, Veronique se quedaba con todo. Estaba harto, muy harto. Prefería dormir en la calle antes que soportarla durante más tiempo. Primero pensó en cargarse a los dos gatos, pero los animalitos no tenían la culpa. Nunca le había levantando la mano a una mujer, pero con Veronique estaba llegando al límite. Ella le escupía, le daba patadas, le golpeaba la espalda. Max no podía soportarla más.

Al día siguiente tenía que hacer la traducción simultánea en un congreso político. Veronique estaría allí, sin dar golpe, como siempre, y se quedaría con todo el dinero.

“Yo soy una dama”, repetía Max hacia sus adentros. “Pues voy a terminar con la dama, decidió, yo me iré a dormir a la calle, pero termino con la dama, vaya si termino”.

La sala amarilla del hotel Ritz estaba llena. Políticos, periodistas y traductores, se disponían a inaugurar el congreso. Los camareros, perfectamente alineados, esperaban la señal para empezar a servir el catering. El maestro de ceremonias hizo una pequeña introducción dando lugar al inicio de las traducciones simultáneas.

Max empezó a traducir, o mejor dicho, a hablar : “Buenos días, el congreso me importa un carajo, he venido aquí para que todo cristo se entere de quien es doña Veronique, la vieja traductora del Centro Internacional de Traducciones Europeas, que no es más que una habitación de diez metros con dos gatos siameses que lo llenan todo de pelos y de mierda. Doña Veronique me recogió de la calle, yo dormía en un banco, me fichó como amante y como traductor. Soy ex combatiente de Vietnam,  alcohólico, y prefiero estar durmiendo otra vez en la calle que aguantar a esta bruja. No paga a los traductores, se queda con todo el dinero para poder seguir operándose, porque está recauchutada por todas partes, me insulta, me pega, me escupe.

No se lava la ropa, sólo la plancha. Se pasa la vida consultando a videntes sobre su destino, pero ahora, Veronique, yo voy a determinar el tuyo. No te soporto, vete a la mierda, me voy, te abandono por mi propia dignidad, y con estas palabras me cargo las tuyas, las que siempre repites, soy una dama, soy una dama…”.

La sala rompió en aplausos y risas. Muchos miraban al techo esperando encontrar una cámara oculta. Veronique fingió un desmayo, falso como todo en su vida.

Martes, 15 de Julio de 2008 19:11 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

de Erick Strand

 

La compulsión de escribir, a la hora que sea, con el ánimo que sea. Ni una noche sin página. Ley. Oficio de escriba que no llega a escritor. Una más en una retahíla de noches sin sueño que si se pusieran juntas parecería que la humanidad no ha dormido nunca. Carpe Noctem. Recuerdos que surgen del descuido de desconcertadas sinapsis del cerebro. Pongamos por ejemplo: las pulgas de playa asomando de sus pequeños agujeros en la arena y haciendo cosquillas en los pies.

No me interesa en absoluto ver a nadie. No quiero recordar nombres ni personas. Deseo extraviarme por las pretendidas callejuelas del cementerio de Berria y contemplar los insectos sin prestar atención a las inscripciones de las lápidas donde antes jugaba al escondite con mi hermana sin preocupación ni respeto. Tenía la décima parte de años que ahora y no sentía culpa. Ellas me conocen desde siempre y yo conocí en vida a la mayoría de sus inquilinos. Me conformo con observar las plantitas de hoja gruesa que caen hacia el mar como modestos Jardines Colgantes de Babilonia, con la agresividad que da el ser y sentirse insignificante, midiéndose de tú a tú con la marea y el nordeste. No he venido a ver a nadie. He vuelto solo y solamente a sentir las cosquillas en los pies. A sentir.

Han pasado un buen de años y gentes, pero las pulgas perseveran sin que nadie pueda afirmar a ciencia cierta que no son exactamente las mismas que brincaban de niño ante mis pies. Es más que probable que aunque todas me parezcan idénticas, las pulgas viejas recuerden mi nombre o mi olor y se lo digan a las nuevas: Mirad quién ha venido. Lo sabíamos, sabíamos que algún día iba a regresar. Y que salten más despacio y menos lejos, pero con gran alegría. Ha vuelto, os lo dije, ha vuelto.

Esa suma de múltiples pequeñas alegrías debería ser suficiente para hacer una más grande, con aspecto de alegría humana o, cuando menos, de sonrisa sincera y no condescendiente ni forzada. Pero no. Para el universo diminuto de las pulgas soy grande. Pero para el mundo soy una pulga de playa de corteza transparente y apariencia desagradable. Un regresado.

Tal vez este lugar me odia porque le conozco muchos secretos. Sus olores viejos a salmuera, los nombres verdaderos de las calles que cambiaron de nombre y  el lugar exacto en que deberían estar las cosas: el submarino, el secadero de redes, la fábrica de  hielo. He venido a poner las cosas en su sitio y no me dejan. No es que me lo prohíba el Ayuntamiento. Es que las cosas no quieren volver a donde estaban.

Vamos a llamarla Alma. Tiene otro nombre, por supuesto, que encaja perfectamente con sus interminables ojos azules. Alma es más como de chica pálida, pero por motivos obvios de confidencialidad y porque ya tiene tres hijos grandes y porque si nos viéramos se nos partiría otra vez el alma, llamémosla Alma. Sólo por esta noche. Aunque ella y yo sabemos lo mismo que los del Ayuntamiento: que aunque yo haya regresado y crea seguir siendo el mismo, las cosas han cambiado drásticamente. Sólo el nombre de este lugar –milagrosamente- sigue siendo el de antes. El de toda mi vida.

La vieja fábrica de hielo con su inconfundible tufo a amoníaco y la estridencia de los bloques azules transparentes cayendo al suelo y siendo arrastrados hasta la camioneta de reparto, que expele un humo azul que apesta a diesel mal quemado, se mezcla con el aroma penetrante a salazón de la conservera de los Albo y con el sudor de las mujeres que filetean con maestría la anchoa que llegó hoy mismo a la Venta parida por la panza de una bonitera que vino con mucha mar y riesgo de Terranova y reencuentra a la lágrima del partir con la del regreso, la saliva del beso apresurado con la del desesperado, el olor a cuerpo joven de casi mujer haciéndose hembra auténtica en mis manos, el aroma de Alma y del alma entregada a las caricias adolescentes cuidadosamente ocultas en esa esquina del puerto en la que me encuentro en este momento mientras llueve esta llovizna fina y persistente sobre el alma.

 

Erick Strand

Jueves, 17 de Julio de 2008 11:19 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

EL REY Y ADOLFO SUÁREZ

Los Reyes visitan al ex presidente Adolfo ...
Europa Press - hace 1 hora 20 minutos

Los Reyes visitan al ex presidente Adolfo Suárez en su domicilio particular para entregarle el Toisón de Oro


Viernes, 18 de Julio de 2008 10:25 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema

 

La grandeza del ébano era tu longitud, todo tu menester

Cuerpo contra la lluvia y la raíz del junco

Piso, cabaña, casa, ocupa de ti mismo

Señor de los intentos orador por el resto

Un libro, las promesas, una morada errante

Puerto, país, dibujo, notas en el cuaderno

Dame la mano, rompe

La cuerda que presiona tanto pulso

Sigue, que me perdonen

Duerme allí donde el sol se hace benévolo

Allí donde las flores

El zumo y la naranja, los trozos de pan

Seco.

Continúa, no es tarde

Una mujer de nácar te contempla

Tus manos y la fuerza

La lluvia entre los brazos.

Hace mucho de eso, demasiado

Nadie hablaría ahora del pasado

En tu cara el hogar, en el salón

Mulatos

Juegan al dominó, a las damas, al ajedrez

De tantos

Hacen honor al pié como ningún zapato

Tú llegas, sonriente, del trabajo

Y abrazas como nadie

Has cerrado los ojos para pensar de nuevo

Una y mil veces gracias

Por el calor, los cuadros, la cerveza

Salud, amor, intento

Corage e inisitencia. Gracias

Por esta vida entera, te repites. Ya nadie

Podría deducir o imaginar siquiera

Desde tu piel de noble cultivado , la palabra

Patera.

 

Viernes, 18 de Julio de 2008 12:22 Consuelo García del Cid Guerra #. sin tema


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris